sábado, 25 de agosto de 2012

EL MUNDO INTERIOR - CARL GUSTAV JUNG


LA INVESTIGACIÓN DE LOS SUEÑOS

Al estudiar los sueños corremos el riesgo de creer que el inconsciente es un campo de exploración ilimitado que el individuo no podrá conocer jamás con los escasos medios de que dispone. Pero esta actitud es preferible a la complacencia. Después de todo, conocemos el consciente – nuestra consciencia del Yo bastante poco todavía. Menos mal que se ha dado un primer paso al aplicar teorías psicológicas al tratamiento de las enfermedades mentales. Las ambiciones de Jung siempre fueron modestas y él nos recuerda que la psicología es una de las ciencias más recientes. Y nosotros tenemos buenas razones para creer en su evolución posterior. Siendo que ella no era al comienzo más que una rama de la filosofía, apoyándose sobre todo en el método empírico, ha evolucionado considerablemente en el curso de los últimos cien años. Se han hecho progresos importantes gracias a las numerosas tentativas por comprender la actividad psíquica inconsciente. Debido a ellas, los psiquiatras y todos los que se consagran a la salud mental han podido trabajar mejor. Jung, desde que era un joven médico, constató que la hipnosis no bastaba para ayudarle a comprender la actividad del inconsciente. Para su sorpresa, sus investigaciones experimentales le dieron rápidamente la prueba del papel que jugaba el inconsciente en la formación de los complejos. El mérito particular de Freud – dice Jung – es de haber elaborado un método práctico de investigación de ese inconsciente; pero, además, tengo la impresión de que es mi deber rendir reconocimiento, en justicia, también a todos aquellos que establecieron las bases sin las cuales ni Freud ni yo hubiéramos podido cumplir nuestra tarea. Es así que Pierre Janet, Auguste Forel, Théodore Flournoy, Morton Prince, Eugéne Bleuler, merecen que les otorguemos un reconocimiento cada vez que hablamos de la psicología médica.
Las investigaciones que siguieron a las experiencias con las asociaciones verbales se referían, sobre todo, al inconsciente colectivo y a la manera en que esta hipótesis permitía comprender los problemas contemporáneos en los tratamientos de enfermedades mentales. En cada niño – decía Jung – preexiste una disposición psíquica funcional adecuada, anterior a la consciencia.
Partiendo de la idea de que la psiquis es un fenómeno natural y de que los sueños son manifestaciones de la actividad creativa inconsciente, Jung emprendió el estudio sistemático del contenido de los sueños y más particularmente de sus aspectos colectivos. La empresa era ardua, pues él era el explorador de un territorio desconocido. No se trataba de una búsqueda mística en un universo imaginario y abstracto, sino de una tentativa seria para penetrar el sentido de materiales extraños que le eran proporcionados no sólo por sus pacientes, sino también por gente normal. Pues todas las personas sueñan.
Para comprender mejor el pensamiento de Jung, digamos algo del hombre que era. Aquellos que alternaron con él personalmente, fuera de las salas de conferencias, le reconocían un espíritu positivo, una conversación plena de humor y el don de hacer que sus invitados se sintieran cómodos tratándolos en un plano de igualdad. Cuando era joven, amaba las excursiones a la montaña y navegar a la vela en el lago de Zürich. Ese gran lago rodeado de colinas exige mucha atención y presencia de espíritu al surcar sus aguas. Todavía un joven padre de familia, le encantaba acampar a las orillas del lago, no lejos del lugar donde se encontraría más tarde su casa de Bollingen. El llamó a esta construcción, en la que participó activamente: “la Torre”. La vida allí era muy simple porque Jung la deseaba así. Le gustaba encontrarse próximo a la tierra y dedicarse a tareas cotidianas: cortar leña, cocinar, cosechar patatas. Tenía los pies bien puestos sobre la tierra en varios aspectos.
Cuando se dedicó al inconsciente, su motivación antes que nada era las necesidades de sus pacientes. Quería comprender la razón de ser de sus síntomas, su origen, y cómo sanarlos. Desde sus comienzos, había comprendido la importancia del estudio de la actividad consciente, y fue así como elaboró su psicología. Pero esta búsqueda no tendría valor si no era asociada al inconsciente. Para él, la psiquis era un continuum sin divisiones rígidas entre consciente e inconsciente.
Las investigaciones sobre la psicología de los sueños le condujeron naturalmente al estudio más profundo de los contenidos del inconsciente . El médico que era tenía el deber de penetrar tan lejos como le fuera posible en el mundo interior del alma. Era necesario que comprendiera los síntomas de los que se quejaban sus pacientes. Escuchaba entonces con una atención extrema lo que ellos tenían que contarle . Incluso en una conversación ordinaria se cercioraba si había comprendido bien . El interlocutor podía expresarse en su lengua materna sin que eso le perturbara, pues Jung era un sabio lingüista. Cuando sus pacientes le contaban sus sueños, les sorprendía ver la seriedad con que los escuchaba, siendo que para ellos esos sueños no tenían mayor interés. Jung les solicitaba escribir sus sueños y reflexionar sobre ellos. No le gustaba que se le llevara un sueño pidiéndole que lo interpretara, sin que antes el portador no hubiera reflexionado sobre él.

LA IMAGINACIÓN ACTIVA

Una de las metas del análisis onírico era la de comprender la manera en que el yo, centro del consciente, está ligado a los contenidos del inconsciente, Jung no siempre ha explicado claramente lo que él entendía por fantasía y por imaginación. La imaginación es el proceso mental que crea una imagen sin un punto de partida sensorial. Es un fenómeno que todo el mundo conoce. Jung utiliza a veces la palabra fantasía en ese sentido. El distingue, sin embargo, con cuidado entre fantasía e imaginación activa.
Una fantasía es más o menos una creación personal; ella permanece normalmente al margen de las preocupaciones y de las expectativas conscientes. Al contrario, en la imaginación activa las imágenes tienen vida propia y los eventos simbólicos presentan un desarrollo lógico autónomo, en la medida – entendamos bien que el consciente no se mezcle en ello.
Pero el pensamiento consciente viene a menudo a entorpecer el curso de la imaginación creativa, como lo testimonia amargamente Coleridge, que fue interrumpido mientras transcribía febrilmente un sueño apasionante. No resta, por desgracia, más que un fragmento: Kubla Khan . Todos nosotros hemos estado en la luna cuando nos dejamos ir al vaivén de nuestros pensamientos, venidos no se sabe de dónde, y descartados como absurdos cuando retomamos nuestra consciencia. Algo está actuando en nosotros en esos momentos y bien puede ser el inconsciente, pues esto no se parece en nada al pensamiento consciente, como cada uno lo sabe bien. Jung pensaba que si pudiéramos entrenarnos en recrear este estado de ánimo, debería ser posible entrar en contacto con el inconsciente mientras nos mantenemos conscientes. Con entrenamiento se puede, en efecto, concentrar la atención sobre una imagen mental que bien pronto se modifica, se mueve, es sustituida, aun al flujo del consciente. Que quede claro que esas son ilusiones, invención pura, no es en verdad el inconsciente. Pero la semejanza es grande entre este fenómeno imaginario y el sueño, que no es nuestra invención. Nosotros no nos damos cuenta hasta qué punto dependemos del inconsciente en nuestra vida consciente, aunque no sea más que para hilvanar una conversación trivial. A menudo nos sorprendemos de nuestras propias palabras o de las ideas admirables (o reprochables) que nos cruzan la mente a partir de nada (es la manera que tenemos para describir el inconsciente).
Las ensoñaciones parecen un tema bastante débil para investigaciones serias. Pero no debemos olvidar que las idea que nos pasan por la cabeza nos ayudan muy a menudo a resolver problemas en nuestra vida cotidiana . No podemos contar con su aparición: ellas son imprevisibles. Pero cuando aparecen, estamos en contacto con nuestro inconsciente aunque no sea más que por un instante. Por qué – se pregunta Jung – este contacto tiene que ser tan fugitivo? Se prolongaría tal vez un tiempo más largo si fuéramos receptivos, relajados, en lugar de críticos o curiosos?. El tenía razón. Así nació la técnica de la imaginación activa. Ella no reemplaza el método de amplificación de los sueños, ella lo complementa.
He aquí lo que Jung dijo de la imaginación activa: Es verdad que hay fantasías inútiles, fútiles, mórbidas y poco satisfactorias, cuya esterilidad aparece de inmediato para cualquiera que tenga un poco de sentido común; pero una mala representación no quiere decir que no las haya buenas. Todas las obras humanas han salido de la imaginación creadora… Pero volviendo a mi técnica, me cuestiono respecto en qué medida se la debo a Freud. Es cierto que la he adquirido gracias al método de las asociaciones libres de Freud, y considero que se origina directamente de ellas.
Jung no pensaba que esta técnica pudiera ser utilizable por todos. No se servía de ella más que en un estado avanzado del análisis y únicamente con sujetos equilibrados. La técnica tenía la ventaja suplementaria de poder ser utilizada por el sujeto solo, ya sea que se dispusiera a meditar sobre un sueño o a pensar en cualquier otro tema.
Cuando tenemos éxito en fijar nuestra atención sobre el curso de nuestros pensamientos , nuestro inconsciente puede generar sorprendentes imágenes e ideas notables. A veces las imágenes que emergen durante la imaginación activa reemplazan los sueños, pero esto no es frecuente. La imaginación activa puede prestar servicios al análisis onírico, sobre todo cuando aparece un nuevo tema cuya elucidación exige un acrecentado esfuerzo. No existen reglas prescritas para la utilización de la imaginación activa en tales o cuales casos; el analista se dejará guiar por el equilibrio del paciente, la intensidad de su participación y su buen sentido. Sin embargo, las imágenes son a veces tan fugaces que puede resultar útil dar a la imaginación activa la posibilidad de expresarse por intermedio del dibujo, de la pintura espontánea o del modelaje . Estos instrumentos para captar el inconsciente no son apreciados en su justo valor. Sin un objetivo preciso, la imaginación conduce el juego y guía la mano, sin ninguna intervención de la intención consciente.
Sólo los no iniciados quieren comprender el significado de estas imágenes. Ellos parecen creerlas desprovistas de valor si el intelecto no puede comprenderlas. Por el contrario, aquel que se dispone a esta actividad de imaginación creativa artística no tiene necesidad de creer en su pintura; no se le ocurrirá pensar en los temas que ella pueda representar. El se apoya sobre el sentimiento. Para él, no tiene importancia que su pintura tenga un sentido, una finalidad precisa; él siente placer al pintarla, no por su valor artístico sino por el sentimiento de liberación y de plenitud que le procura su creación. Pintar un cuadro, modelar la arcilla, es hacer un viaje, es descubrir el universo profundo de la psiquis. Durante el trayecto, los estados de ánimo anteriormente perturbadores son captados, su significado es vivenciado, percibido en la duración de un relámpago de comprensión intuitiva. Las consecuencias de esta actividad creadora no son disminuidas por el hecho que el artista no sepa lo que su cuadro, su escultura, quieren decir en términos intelectuales; él no piensa lógicamente. El significado es del dominio de la ciencia; pero la vida no siempre está bajo la férula de la razón pura.

EL ARTE ESPONTÁNEO

La pintura y el modelado son auxiliares preciosos en psicoterapia . Pintar, viendo a una imagen tomar forma, constituye una actividad creadora que conduce al artista de descubrimiento en descubrimiento. Aquellos que jamás han hecho pintura espontánea no pueden comprenderlo. La idea no es nueva. Este método fue largamente empleado antes de Jung. Es suficiente saber cómo mezclar los colores. Las aptitudes naturales toman pronto la directiva. Ninguna regla, ningún aprendizaje es necesario. El esfuerzo de concentración que exige libera una energía que parece movida por el inconsciente. La intención consciente no juega más que un papel secundario. Jung constataba que el arte espontáneo ayudaba realmente a sus pacientes a expresar la atmósfera de un sueño o de una sesión de imaginación activa. A través de la pintura – o del modelado – la impresión que se tiene del inconsciente pasa a ser una realidad. Esta experiencia sorprendente impacta a aquellos para los cuales el inconsciente no era sino una palabra abstracta del vocabulario psicológico. Este resultado da al arte espontáneo su valor práctico. No podemos aprehender al inconsciente como si fuera un objeto. Pero podemos experimentarlo por intermedio de la imaginación activa en la pintura, el modelado, el dibujo, el tallado en madera. Todos estos medios pueden ser utilizados para este fin.
Jung mismo ha recurrido a la pintura para comprender sus sueños. Es suficiente dice – contemplar los dibujos y las pinturas de los pacientes que practican la imaginación activa en el curso de su análisis, para darse cuenta que los colores son valores afectivos. En general, para comenzar se sirven de un lápiz o de una pluma para hacer un esbozo del sueño, de la idea o de la fantasía. Pero, a partir de un cierto momento, los pacientes empiezan a utilizar el color. El interés puramente intelectual cede paso a la participación afectiva. Se observa a veces este mismo fenómeno en los sueños, que son entonces en colores, o bien en aquellos en que el acento es colocado sobre un color particularmente vivo. Basta un poco de entrenamiento para dejar que la imagen se desarrolle por sí misma. Los niños tienen éxito desde el principio en pintar en forma imaginativa sin que se les ayude; los adultos son más sofisticados y, al comienzo, les cuesta ser naturales.
Jung dice todavía: Dar una forma a lo que es informe es eficaz sobre todo cuando la actitud consciente no ofrece ningún medio de expresión a un inconsciente que se desborda.
Es en tales casos que se obtienen los resultados más sorprendentes. El cuadro iniciado sin saber bien por qué, empieza poco a poco a tomar forma, comienza a vivir y a expresar realmente algo indecible: es el lenguaje de los sentimientos y de las emociones. Establecer un contacto con la fuente de nuestras emociones tiene un valor innegable. No son acaso ellas quienes determinan el éxito o el fracaso de la mayor parte de nuestras empresas?

E. A. Bennet

Extraido de  http://alcione.cl

INCONSCIENTE COLECTIVO, ARQUETIPOS Y SINCRONICIDAD - CARL GUSTAV JUNG


EL INCONSCIENTE COLECTIVO

En la década del 30 del siglo pasado aparecen los experimentos de percepción extrasensorial (PES) de
J. B, Rhine y otros, quienes, a través de la adivinación de figuras dibujadas sobre naipes, obtuvieron resultados muy superiores a la probabilidad estadística. Los experimentos se realizaron en condiciones diversas de tiempo: adivinación simultánea, o pasada o futura, de las cartas que saldrían. El espacio entre ambos participantes variaba desde la habitación vecina a cientos de kilómetros de distancia. Los resultados evidenciaron una relatividad psíquica de ambos factores. Esto es, los sujetos obtenían un porcentaje de respuestas acertadas superior a la probabilidad matemática, no mermado por el tiempo o el espacio. Lo único que hacía disminuir el rendimiento era la falta de interés, de entusiasmo o de expectativas de los participantes por los resultados, Según Jung: Los experimentos de Rhine demuestran que, en relación con la psique, el espacio y el tiempo son, por así decirlo, elásticos, por cuanto pueden, al parecer, reducirse a voluntad aproximadamente a cero. Vale decir, parece como si dependieran de condiciones psíquicas y no existieran en ellos mismos, sino que fuesen sólo puestos por la consciencia.
Fue justamente este tipo de deducción la que hizo surgir detractores que adjudicaron los resultados a arreglos y arbitrarias interpretaciones inconscientes. Efectivamente, el substrato era el Inconsciente, pero exento de cualquier arreglo o interpretación que implicaría llevarlo a una categoría consciente y de tiempo lineal imposibles. Dice Jung: En sí mismos, espacio y tiempo consisten de nada. Son conceptos hipostasiados provenientes de la capacidad discriminatoria de la mente consciente y forman las coordenadas indispensables para la descripción de la conducta de los cuerpos en movimiento. Por lo tanto, son esencialmente de origen psíquico, y ello parece haber sido la razón que movió a Kant a concebirlos como categorías a prior… Tal posibilidad (su relativización), empero, se presenta cuando la psique observa no cuerpos externos, sino a sí misma.
Las respuestas acertadas de los experimentos provendrían de lo que el psiquiatra suizo llamó el Inconsciente Colectivo, suerte de pozo común, idéntico a sí mismo en todos los hombres, y del que no habría posibilidad de percepción directa voluntaria. Su contenido sería todo lo sentido, imaginado o temido por la especie, organizado en arquetipos. Algo así como el ADN de la humanidad, Este contenido, al ser psíquico, tendría una carga afectiva. De ahí la proporcionalidad directa entre emoción del participante y número de aciertos. Imaginando el consciente y el inconsciente como opuestos en una balanza, al bajar un extremo, el otro tiende a subir facilitando el deslizamiento de contenidos de un lado al otro. Al focalizar la atención interesada en un punto pequeño, como el dibujo del naipe, la consciencia general disminuye, posibilitando que el inconsciente invada ese espacio. Se evidencia que en este inconsciente colectivo existe un saber a priori, como lo llamó Jung o, en otras palabras, allí se han fundido el pasado, presente y futuro en un presente continuo. A mayor intensidad del estado emocional, mayor disminución de la consciencia y mayor declive para el surgimiento del inconsciente colectivo, cuyo contenido implica necesariamente su preexistencia a la consciencia individual.
En ciertas circunstancias, fragmentos del saber absoluto de este inconsciente pueden filtrarse y ser detectadas por un sujeto que percibe su paralelismo con un hecho externo. Este saber absoluto sería en alguna medida expresión de lo trascendente manifestado en todas las cosas. La Unidad es el flujo común del universo del que todos los elementos son células en recíprocas relaciones interdependientes. Debido a los contenidos extraídos de este inconsciente colectivo, a menudo con información imposible de obtener por el paciente. y a la evidencia de procesos psíquicos en personas en estado inconsciente, Jung concluyó en la imposibilidad de una ligazón de aquél con el cerebro físico. Incluso propone que este inconsciente colectivo sea el responsable de la organización de la materia en las formas conocidas.
A partir de las primeras décadas del pasado siglo, la física produjo el más espectacular de los vuelcos en toda la concepción de la materia y, por lo tanto, del universo. Cuando los científicos intentaron disecar el archiconocido modelo del átomo semejante a un mini-sistema solar, se sorprendieron con el hallazgo de que las partículas atómicas y subatómicas no se comportaban en absoluto de acuerdo a las teorías formuladas. Más aún, las tales partículas fundamentales ni siquiera podían ser localizadas en un lugar preciso, ni menos con un comportamiento regular o predecible.
Hasta entonces, la ciencia había representado un papel de cierta omnipotencia, provocando la confianza generalizada de que, lo que aún no podía cuantificarse, no se tardaría en hacerlo: sólo era cuestión de tiempo. Como Dios, o la causa primera, no sería posible demostrarla, la ciencia se alejaba de ella, ignorándola; pero la materia, su consecuencia última, podría desmenuzarse hasta la última partícula. Y he aquí que de pronto se encuentra con que estas partículas no terminaban en los electrones o neutrones, y que había un sinfín de otras subpartículas, de comportamiento aparentemente errático, imposibles de aislar en el espacio o el tiempo. No se podían medir, ni contar, ni establecerse leyes de su accionar, De ahí que fueran calificadas de quanto de energía en vez de partículas, ya que no tenían existencia independiente, sino más bien eran relaciones energéticas en una trama limitada cuyo comportamiento era sólo una probabilidad estadística.
La ciencia se había pasado siglos diferenciando el mundo vegetal del animal y del mineral, lo sólido de lo líquido y lo gaseoso, la onda de la partícula, la masa de la velocidad, la materia de la energía, etc., y de pronto sucede que a nivel fundamental no existe diferenciación alguna. Se comenzó a hablar del mundo real como un territorio sin límites, del que los objetos y fenómenos como entidades separadas serían una idealización, siendo sus cimientos un indeterminismo fundamental y absoluto: el entretejido sin costuras del universo.
Con esta falta de distinción fundamental entre energía y materia, el universo retorna de su concepción de gran maquinaria a la de gran organismo, semejante a la de los antiguos sabios, pero esta vez a través del intelecto y el razonamiento experimental. Se religa lo que se había separado; se descubre nuevamente que todo causa a todo lo demás, que las cosas fluyen las unas en las otras formando patrones globales e inseparables, La supuesta objetividad científica se vuelve asimismo inexistente al desaparecer la distinción entre el científico, su experimento y sus conclusiones. El experimentador es su experimento y lo experimentado. 0 como dice Jung: nada hay fuera de la mente.
Los nuevos descubrimientos llevan a una concepción no rígida del universo en todos los planos. Los modelos fijos que otrora explicaran un segmento de la realidad habían funcionado bien, pero sus características estáticas los hacían perdurar incluso más allá de que hubieran sido invalidados por nuevos conceptos. Cada avance tenía que luchar contra el antiguo modelo para imponerse, rompiendo una barrera establecida. La relativización de la relación entre la materia allá afuera y el analizador interno obligan ahora a formas de pensamiento mucho más dinámicas, flexibles y abstractas. Se abre una posibilidad infinita de descubrir estratos subatómicos que pudieran explicar científicamente fenómenos tan inasibles como por ejemplo la vitalidad, la psique, el intelecto, y quién sabe cuánto más. Lo importante es que esta vez no se ha corrido el límite del conocimiento humano un poco más lejos, sino que éste se ha derrumbado y se sabe ya que será muy difícil volver a instalarlo. No por azar se reúnen en este siglo este tipo de descubrimiento con el derrumbe de otras fronteras, con el desarrollo exponencial de redes transnacionales de comercio, cultura, información y comunicaciones; con los signos de creciente tolerancia política y religiosa, etc. En suma, con la disminución del perfil de las polaridades, de los extremos, en pro de posiciones en la zona más central del espectro, que las trascienden. No hay duda de que estos efectos no hacen sino confirmar la aseveración junguiana de la preexistencia de la mente, de la que posteriormente podemos percibir sus manifestaciones en su otro polo, la materia.
La nueva física ha borrado el límite entre la Mente y la Materia. En la materia se descubre un substrato semiincognoscible cuya existencia sólo se detecta por el impacto producido en el nivel inmediatamente más tosco. De igual modo, la mente colectiva inconsciente es inaccesible en condiciones normales, infiriéndose su existencia de sus rastros intangibles surgidos en sueños, en el arte, en los grandes mitos, en la sincronicidad.
Para la física actual, la existencia de un objeto o partícula individualizable es producto de un fenómeno local dentro de un campo cuántico fundamental que la sostiene. La partícula explícita, o desplegada del campo global, contiene la información de todo el campo, como éste de ella, pudiendo plegarse nuevamente y dejar de existir como partícula. Asimismo, esta partícula transmite y recibe información hacia y desde el campo fundamental, en una acción cooperativa de conjunto capaz de hacer surgir formas radicalmente nuevas en determinados puntos críticos. Esto explicaría, por ejemplo, la complejísima transformación de ciertos vegetales y animales cuyo ambiente se alteró drásticamente en un momento dado, y que en la práctica se convirtieron en otra especie. La teoría de sobrevivencia de mutaciones al azar, más adaptadas a las nuevas condiciones, no alcanzaba a explicar los cambios producidos simultáneamente sobre muchas estructuras y/o funciones de un organismo. El dicho popular que hacía reír a los científicos de hace unas décadas, la necesidad crea el órgano, estaría mucho más cerca de la realidad desde esta perspectiva.
La naturaleza se concibe ahora como un orden colectivo en el que cada elemento es a la vez interior y exterior a los demás, esto es, constituye parte del patrón global siendo al mismo tiempo un fenómeno local, Cada uno contiene, plegado en su interior, al universo entero, Se estima además que este campo cuántico fundamental tendría varios niveles, habiéndose detectado manifestaciones de al menos un segundo nivel, a través del cual se transferiría información a través de la partícula explicitada hacia el primer nivel. Lo interesante es el efecto generador de nuevas formas y relaciones del sistema, en una constante actividad creadora. Cada nueva forma creada genera un campo de memoria simultáneo que guía activamente el proceso y que facilita su reproducción, siguiendo la ruta de mayor economía y fluidez propia de la naturaleza. Podemos imaginar aproximadamente con este pequeño bosquejo, la complejidad de relaciones e intercambio de información que puede ocurrir instantáneamente en el estrato fundamental, haciendo imposible su análisis en forma compartimentalizada.
Volviendo á la psique, podemos reconocer cómo Jung describió estos mismos procesos con un paralelismo asombroso, pero a través de la intuición reflexiva y la observación práctica. El mundo de los objetos encuentra su correspondencia en la partícula desplegada, la mente individual en el primer orden fundamental, el inconsciente colectivo en el segundo orden. La comunicación entre el mundo objetivo y el segundo orden parece funcionar fluída y permanentemente a través del intercambio continuo de información que ejerce transformaciones en ambos estamentos. Lo que sucede sólo en forma eventual es la comunicación entre el segundo orden y el primero, entre el inconsciente colectivo y la mente individual, donde el flujo encuentra una frontera. Cuando este bloqueo disminuye o desaparece por un instante, es posible recibir contenidos del plano objetivo de la mente, que en su carácter colectivo está impregnando todo el momentum. Al darnos cuenta, y con ello percibir el significado, el efecto será una comprensión nueva y ampliada, además del cese, aunque sólo sea por un instante, del sentimiento de separación que nos limita con el entorno.
El inconsciente colectivo, como campo formativo cuyas partículas explicitadas serían los arquetipos, siempre está ahí, siempre es posible extraer contenidos de efecto generativo que amplíen nuestra consciencia y disminuyan nuestra fragmentación. Y hablamos del inconsciente como el segundo orden fundamental, pero está abierta la posibilidad de pesquisar otros niveles acaso mucho más sutiles y profundos a los cuales pudiéramos acceder, como, por ejemplo, aquél denominado por Jung como Supraconsciente.
Paralelamente, esta realidad indivisible que despliega tanto a la mente como a la materia y que conlleva una nueva comprensión, un saber indemostrable pero irrefutable, es la que han tratado de hacernos comprender los sabios místicos desde los más remotos tiempos. Pocos los han escuchado hasta que lo dijeron los científicos. Expresiones como en tí está tu propio cielo, conócete a tí mismo y conocerás a Dios; el concepto de unidad del Conocimiento, el Conocedor y lo Conocido expresado en el antiguo Bhagavad Guita; imágenes como la red de Indra budista, plagada de joyas, en cada una de las cuales está el reflejo de todas las demás; las sentencias del Tao Te King, las parábolas de Jesucristo… Miles podrían ser los ejemplos de esta sabiduría sintética, incluyente, de genuina intuición, a la que los científicos y terapeutas comienzan a acceder en occidente. Qué serían las llamadas experiencias-cumbre de los místicos sino el acceso a un orden exquisitamente sutil, profundo y penetrante? No es de extrañar, por lo tanto, el giro que ha tenido la relación del hombre con lo trascendente, en la que asume una posición mucho más activa y cocreadora de sí mismo y su entorno. Ni tampoco la gran cantidad de nuevos místicos entre los científicos modernos. Y es que no es posible establecer aquí con claridad las diferencias cuando las causas primeras y últimas se entrelazan.
La percepción de la unidad esencial que subyace a la aparente dualidad mente-materia, en la que todos parecen estar ahora de acuerdo, aparece como una de las perspectivas más enriquecedoras y transformadoras que jamás haya conocido el hombre occidental. La captación objetiva y subjetiva consciente de un momento dado permite asir el reflejo del macrocosmos en una generación de energía creativa capaz de ampliar todas las posibilidades futuras. Por el contrario, si la mente individual pone atención sólo en las formas desplegadas de la realidad, tanto esa mente como su realidad circundante se volverán estáticas, estrechándose cada vez más en meros recuerdos y hábitos. La energía renovadora y creativa de los estratos fundamentales es limitada, pues, como vimos, se enriquece permanentemente, además de trascender a toda polaridad, que sólo existe -como el tiempo- en la mente individual.
Y es allí donde los antiguos sabios, al señalar la interdependencia fundamental del universo, también señalaron el modo de acceder a esta mente universal. Una de las etapas fundamentales es la del dominio de la mente, de esta pequeña mente individual nuestra. Sólo minimizando el ego, disminuyendo el yo personal que creemos tan importante, creamos el vacío, o el declive, en palabras de Jung, suficiente como para que algo trascendente pueda deslizarse hasta nuestra consciencia y darnos ese sentido profundo de identidad del que estamos tan carentes, disolviendo el tiempo, la división mente-cuerpo, sujeto-objeto. Acaso cabría especular si la sentencia “Y seréis como dioses”, se refiera al logro de una unicidad permanente.

Pablo Cáceres

LOS ARQUETIPOS

El gran terapeuta que fue Carl Gustav Jung recién empieza a ver reconocida la enorme importancia de su extensa obra, después de varias décadas de menosprecio académico. Su exploración en las profundidades de la psiquis lo llevó a estudiar exhaustivamente la filosofía, la mitología, la alquimia, las religiones orientales y el misticismo occidental. Se interesó también con igual dedicación en el tarot, el I Ching, la astrología, los Onvis, los mandalas, las culturas de los pueblos primitivos en Africa y América del Norte, las civilizaciones india, china y japonesa… De él pudo haberse dicho Nada humano me es ajeno.
Revolucionó el paradigma mecanicista de la psicología, recalcando la importancia del inconsciente por sobre la del consciente, lo misterioso en lugar de lo conocido, lo místico en lugar de lo científico, lo creativo en lugar de lo productivo y lo religioso en lugar de lo profano.
Uno de sus conceptos claves es el inconsciente colectivo, fundamento del inconsciente personal, y que vincula al individuo con el conjunto de la humanidad. Descubrió que en los sueños y los mitos subyacen elementos de este inconsciente colectivo que él denominó arquetipos. Estos no pueden comprenderse directamente por análisis intelectual, sino sólo mediante los símbolos y el lenguaje de la mitología. El arquetipo es el modelo a partir del cual se configuran las copias: es el patrón subyacente, el punto inicial a partir del cual algo se despliega.
Jung distinguía entre arquetipos e imágenes arquetípicas. Reconoció que lo que llega a nuestra consciencia son siempre las imágenes, o sea las manifestaciones concretas y particulares de los arquetipos las que – según él – nos impresionan, influyen y fascinan. Sin embargo, los arquetipos mismos carecen de forma y no son visualizables. El arquetipo, como tal es un factor psicoide que pertenece, por así decir, al extremo invisible y ultravioleta del espectro psíquico. Agregaba que son vacíos y carentes de forma, sólo podemos sentirlos cuando se llenan de contenido individual.
El interés de Jung por las imágenes arquetípicas refleja más énfasis en la forma del pensamiento inconsciente que en su contenido. Nuestra capacidad para responder a experiencias como criaturas creadoras de imágenes es heredada. Las imágenes arquetípicas no son restos de un pensamiento arcáico sino parte de un sistema viviente de interacciones entre la mente humana y el mundo exterior. Las mismas imágenes arquetípicas que aparecen en los sueños dieron origen a las remotas mitologías y religiones que han habido en la historia de la humanidad. Para Jung, esta capacidad de crear imágenes, y no la razón, es la verdadera función que nos hace humanos. Atender a estas imágenes – que no son ideas traducidas, sino el lenguaje natural del alma – nos ayuda a liberarnos de la opresión de las maneras de pensar verbal y racional que han limitado nuestra creatividad.
El pensamiento simbólico es asociativo, analógico, cargado de afecto, animista, antropomórfico. Puede parecer más pasivo que el pensamiento organizativo y conceptual pues, a diferencia de los pensamientos, sentimos las imágenes como algo que recibimos más que algo fabricado por nosotros (la inspiración del artista). Nuestra vinculación con las imágenes arquetípicas puede comprometernos con la visión de un mundo interior, que puede salvarnos de la trampa de la separatividad entre sujeto y objeto.
Las imágenes arquetípicas son percibidas como independientes de nuestra experiencia personal, nos resultan inexplicables a partir de nuestro conocimiento consciente. Nos sentimos en contacto con algo desconocido hasta ese momento, y generalmente nos asombra descubrir similitudes entre las imágenes y temas de nuestros sueños con los que aparecen en mitos y leyendas de los que no teníamos un conocimiento previo. El impacto que nos produce constatar estas semejanzas es muy poderoso.
Jung siempre hizo notar que las imágenes arquetípicas están tan conectadas con el pasado como con el futuro. Por eso son transformadoras. Decía: El Yo no sólo contiene el depósito y la totalidad de toda la vida pasada, sino que también es un punto de arranque, el suelo fértil a partir del cual brotará toda vida futura.
La premonición del futuro está tan claramente impresa en nuestros pensamientos más íntimos como lo está el aspecto histórico. Estas imágenes se nos presentan como líneas indicadoras que nos muestran el camino, sin obligarnos a seguirlo. La vida no sigue líneas rectas, ni líneas cuyo curso pueda verse con gran antelación.
El modo que tenía Jung de trabajar con imágenes arquetípicas no era la interpretación o traducción al lenguaje conceptual, o la reducción a una imagen más general o abstracta, sino lo que él llamaba amplificación: conectar la imagen al mayor número posible de imágenes asociadas, manteniendo así fluyente el proceso imaginativo. Se trataba de comunicarse con la multiplicidad, la fecundidad, la interconexión vital entre ellas, no analizar la dependencia que pudieran tener con un origen común. Amplificar significa ir mucho más lejos de la estrecha identidad personal y recordarnos con una imaginación más amplia que nos llevaría al ámbito transpersonal.
Jung también trascendió las limitaciones de la ciencia mecanicista describiendo una forma de conexión no causal de acontecimientos a la que llamó sincronicidad y que está en relación con ciertos descubrimientos de la física moderna. Se dice que el propio Einstein le alentó a desarrollar este concepto y el físico Pauli colaboró con Jung en escribir un libro sobre ese tema.
Para Jung, la mente es como un sistema autoorganizado, regido por una fuerza creativa y cósmica y que tiende a desarrollarse hacia una integración cada vez mayor. El papel del terapeuta es apoyar este proceso de integración que une nuestros aspectos tanto conscientes como inconscientes. El decía: El terapeuta debe ser como un médico partero, que ayuda a dar a luz lo que el paciente tiene en su interior.
Le interesaba sobremanera la colaboración entre el Oriente y el Occidente en relación a los caminos de crecimiento personal ofrecido por ambos. Es sorprendente la capacidad perceptiva demostrada por Jung en sus comentarios sobre el budismo tibetano, la India y el yoga, el taoísmo y la meditación zen. No sólo era capaz de comprender lo que para la mayoría de la gente occidental de su época eran sólo experiencias extrañas, sino que consigue relacionarlas con perspectivas occidentales de naturaleza semejante. Resulta difícil valorar en su totalidad estos comentarios que aparecen generalmente en prefacios a libros de alumnos y amigos suyos. Realmente, desempeñó un papel significativo en la introducción de las religiones orientales en el público occidental. Su influencia, ciertamente, ha ayudado a que en Occidente se aprecien la religión y el pensamiento oriental. Eso no impidió que él – con extraordinario buen juicio – nos previniera contra la adopción indiscriminada de religiones extranjeras acompañada del abandono de los fundamentos occidentales.
Quiero hacer una advertencia muy especial contra el intento de imitar las prácticas y sentimientos orientales. Nada bueno surgirá de ello, a no ser una anulación artificial de nuestra inteligencia occidental. No pueden ni deben abandonar su comprensión occidental: más bien deberían acudir a ellas (estas prácticas) sin imitaciones ni sentimentalismos, para comprender en la medida que es posible a la mente occidental.
Una gran mayoría de los jóvenes occidentales que se fascinaron con las disciplinas orientales, al empezar a someterse a ellas, se desalentaron al darse cuenta de todo el esfuerzo y la devoción que se necesitaba durante un largo período de tiempo en el que no se producían los resultados que ellos esperaban. Otros se rapaban la cabeza o usaban extrañas coletas, además de estrafalarias vestiduras, sin que dieran muestras de algún apreciable progreso en su crecimiento personal. Por otra parte, ha habido cierto número de gente que sí ha sido capaz de sumergirse en técnicas y puntos de vista orientales, no sólo sin ningún riesgo para su salud psíquica, sino con una expansión del conocimiento de sí que no habría sido posible adquirir de otra manera.
Estas excepciones positivas no contradicen las advertencias de Jung. El no se equivocaba al señalar que la asimilación de un punto de vista extranjero, con la consiguiente pérdida de las raíces propias, no es una propuesta demasiado atractiva. Lo ideal es – además de mantenerse en lo propio y aplicar la crítica y actitudes peculiares del occidental a nuestra interioridad – tener en consideración, y procurar comprender, filosofías basadas en concepciones opuestas a las habituales como una manera de alcanzar así una totalidad más integrante. Quienes han leído la autobiografía de Jung recordarán cómo en un sueño descubrió que él era un yogui en profunda meditación, meditando la vida que el soñante vivía.
Este equilibrio entre Oriente y Occidente fue exactamente lo que Jung mantuvo durante su larga vida. En sus escritos mantuvo una actitud científica estricta, pero apreciando y honrando siempre el material psicológico que tenía entre manos. Nunca abandonó la religión de su nacimiento y sus ancestros, por muy amplias que fueran sus apreciaciones sobre las religiones orientales, las que se contraponían con la fe aceptada por la sociedad de su época. Era un ser ecuménico en el sentido más profundo de la palabra. Sus conexiones psicológicas eran múltiples. En algunos de sus sueños aparecían experiencias del politeísmo griego, del judaísmo y del cristianismo. En otros, había temas hindúes, budistas, alquímicos o gnósticos. Jung fue quizás el primer hombre moderno que habiendo perdido su alma, la encontró en su experiencia individual, pero conservando sus lazos con las religiones del pasado. El explicaba la etimología de religio como observación cuidadosa de lo numinoso, pero su actitud vital se conectaba más con el otro posible origen de la palabra, que significa enlazando hacia atrás. Jung se comunicaba plenamente con el pasado, en forma histórica y psicológica, con gran respeto.
Todas las religiones del mundo, incluído el budismo, parecen desarrollar sus ramas de fundamentalismo, tradicionalismo, misticismo, libertad del individuo y conversión. Esta variedad refleja los distintos aspectos del alma. La psicología junguiana se ha mostrado receptiva a esta variedad, ocurra ella de manera individual o colectiva. Dejemos que el alma hable por sí misma, decía Tertuliano. Esta actitud nos permite comprender la voz del alma en el pasado. Desde ese pasado hay algo nuevo surgiendo de la psiquis, otra manera de aproximarse a lo numinoso. Esta nueva experiencia de lo divino se encontraría en la reconciliación entre las religiones del mundo y en su capacidad de comunicarse con un nuevo contenido. Esto, que ha surgido independientemente en Jung, y otros, es una especie de actitud psico-religiosa, cuyas características son: lo divino nos trasciende a todos, diversos caminos llevan a él, todos son valiosos, ninguno es mejor que otro, ninguno necesita trascenderse, todas las religiones tienen su origen en la naturaleza del alma y en cómo se manifiesta en ella lo divino. Hay seguramente una visión hindú, una visión budista, judía o cristiana, pero, por sobre todas las cosas, es una visión unificadora.
La naciente ecumenización de la humanidad parece traer consigo regalos valiosos. Uno de ellos es un punto de vista psicológico que nos permite experimentar lo divino desde múltiples ángulos y permite también la reflexión y las preguntas. Parte de este regalo ya nos ha sido concedido, gracias al trabajo de Jung; pero también está surgiendo del inconsciente de mucha gente algo parecido a lo que todas las grandes religiones esperan: que cuando todos nos hallemos en armonía con la Presencia Divina, Ella se manifestará entre nosotros.

Saelas Jarrel

SINCRONICIDAD

Sin salir por la puerta
se puede conocer el mundo.
Sin mirar por la ventana
se puede conocer el camino del cielo.
Cuanto más lejos se va,
tanto menos se aprende.
Por eso el sabio
sabe sin desplazarse.
Entiende sin ver.
Realiza sin hacer.
(Lao Tsé)

Sincronicidad es un término acuñado por el psiquiatra suizo C. G. Jung, quien lo concibió para describir la singular ocurrencia de dos o más acontecimientos de igual o similar significación, sin conexión causal posible. Este principio incluye necesariamente a un sujeto que perciba y experimente en forma consciente el significado común entre un hecho del mundo interno y uno o más del mundo subjetivo. La sincronicidad se distingue así del mero sincronismo ocurrencia simultánea de dos sucesos cualesquiera – y se opone abiertamente al principio causal predominante en la cultura occidental, dominada por el cientificismo: la ley de causa y efecto, o de acción y reacción.
Un ejemplo simple de sincronicidad sería el recordar repentinamente a un compañero de colegio del que no se ha sabido nada desde entonces; encontrarlo casualmente en la calle a las pocas horas o días, y simultáneamente leer en el diario una información referida a la profesora que enseñaba en ese curso. Si la persona vive esos tres eventos en compañía de un amigo, para éste la secuencia no significará más que hechos aislados; pero para el protagonista, todos ellos están eslabonados en relación a un tiempo específico de su pasado. El puede ver la conexión existente y otorgarle un significado. Los componentes objetivos y el subjetivo no poseen una causa común, no es posible deducir o demostrar científicamente qué genera el fenómeno. Y es que la ciencia ha avanzado en mediciones cada vez más minuciosas y microscópicas de la realidad, pero al llegar al terreno de lo subjetivo se ha encontrado en la imposibilidad de medir, reproducir, predecir o manipular las variables.
En la época en que Jung describió la sincronicidad, ésta aparecía como antónimo de la causalidad imperante, lo que no significa que esto haya sido siempre así. De hecho, en la antigüedad este término no habría sido necesario, como no lo sería el de ecología en el lenguaje de una tribu indígena del Mato Grosso. Cuando el conocimiento no estaba dividido en ciencia y humanismo, cuando el sabio se ocupaba tanto de lo terreno como de lo divino – lo primero como expresión de lo segundo – nada podía ser considerado como acausal. El estudio de la causa primera tenía el mismo sentido que el de sus consecuencias en la materia y los seres vivos, ya fuera que a aquella causa se la llamara Dios, Naturaleza o Sol. Y no nos referimos aquí a la actitud de ignorancia o inercia mental que adjudica a un ser omnipotente todo aquello que no entiende, sino a la comprensión del universo como un todo inseparable, como una gran armonía interdependiente.
Así, la sabiduría antigua, especialmente oriental, se empeñaba en comprender como afectaba el quiebre de una armonía particular a otro sistema o al conjunto, por sobre la disección de problemas aislados y su intento de resolución – in vitro desconectados de sus relaciones naturales.
Si el mundo surgía y era sostenido a partir de un Gran Aliento fundamental, éste podría ser conocido y comprendido a través del estudio del mundo, porque estaría tan presente en lo grande como en lo pequeño, tan reflejado en los astros como en las hormigas. Nada quedaría fuera de lo que es, como nada podría estar fuera de la eternidad. Esta cosmovisión estaba naturalmente impregnada de la búsqueda trascendente de las grandes interrogantes inherentes al ser humano. Estando en el mundo, parece razonable buscar la trascendencia a través de él en un ascenso progresivamente integrador que minimice los riesgos de producir místicos desarraigados o científicos desalmados. En la antigüedad sólo merecía ser llamado sabio aquel que había sabido recorrer ambos caminos y al que, luego de una larga trayectoria en la que había comprendido suficientemente al mundo, le era posible comenzar a recibir algún conocimiento de Dios.
Aun en pueblos primitivos, en el sentido de escaso o nulo conocimiento teórico o abstracto, las personas más respetadas o veneradas de la comunidad las constituían, y constituyen, aquéllas capaces de interpretar el todo por sobre los hechos particulares, y con ello indicar las acciones necesarias para restituir la armonía perdida en cada caso. El examen de la mayoría de los métodos adivinatorios, o premonitorios, ya sea lectura de huesos calcinados o conchas de tortuga, I Ching, Tarot, etc., revela un factor común: todos ellos expresan un “momentum” global, por ello es factible de ser leído o interpretado por alguien que percibe su significado. Queremos decir: por alguien capaz de aprehender el Gran Aliento que en ese instante impregna todas las cosas, incluidos los objetos adivinatorios, condición “sine qua non” para que en éstos se manifieste una realidad que los trasciende.
Todo acto adivinatorio es sincronístico, ya que no puede ser demostrada una causa que condicione el acierto de la premonición. La función primordial del oráculo es revelar la correspondencia entre lo interno y lo externo de un momento dado, en un paralelismo acausal. Refiriéndose al I Ching, dice Jung: … quienquiera que lo haya inventado, estaba convencido de que el hexagrama obtenido en un momento determinado coincidía con éste en su índole cualitativa, no menos que en la temporal. Para él, el hexagrama era el exponente del momento en el que se lo extraía, por cuanto se entendía que el hexagrama era un indicador de la situación esencial que prevalecía en el momento en el que se originaba.
Desgraciadamente, esta arcana concepción unificadora, sintético-intuitiva, predominante en el Este, comenzó a escindirse, en forma casi paralela al incremento de la civilización occidental. Recordemos que China tenía ya milenios de cultura cuando Europa recién estaba dejando la vida nómada. La principal causa de este cisma fueron las características inherentes al hombre occidental: razonador, inquisitivo, analítico, en suma, fragmentador del mundo. Para conocer, él separa, divide, clasifica, versus el oriental, que integra, sintetiza, recibe al mundo.
Estas peculiaridades fueron relegando cada área de conocimiento a un compartimiento separado y cada vez más infranqueable: ciencias naturales, teología, música, etc.. La fisura inicial se convirtió en grieta, y ésta en caminos francamente irreconciliables, hasta casi nuestros días: ciencia y religión; verdades que exigían ser demostrables para existir “versus” verdades de las que sería blasfemia pedir demostración, y que debían ser aceptadas mediante un acto de fe. Si para los científicos todo tenía que tener una causa conocida que produjera el efecto en estudio, Dios – o la causa primera incognoscible – quedaba instantáneamente excluido. Para los religiosos, en cambio, el testeo o manipulación de la obra de Dios era aberrante, y sólo cabía admirarla.
En una época de apogeo científico y tecnológico, sin embargo, el Dr. Jung describió un orden acausal de acontecimientos, una categoría de eventos sin conexión posible y sin predictibilidad alguna, debido a que uno de sus componentes era subjetivo y la subjetividad no se podía manipular certeramente. De la causalidad lineal, producida necesariamente en una sucesión temporal, dio un salto conceptual a la sincronicidad atemporal, en la que la conexión factual se produce sólo en la consciencia del que lo vivencia, y no en el tiempo entre A y B. La mirada causal es retro o prospectiva, tendiendo a fijar sus elementos en el tiempo, mientras la sincronicidad sólo puede suceder en el ahora transformándolo creativamente en una nueva comprensión.
Para Jung, la conexión causa-efecto es sólo estadística y como tal, relativa, y, sin embargo, ha sido el método empleado para comprender y establecer sobre la base de leyes todo el comportamiento físico, químico y biológico en la naturaleza. Este sistema deja fuera de la norma a todo lo individual, lo excepcional, lo único. Más aún – precisa Jung – el científico preformula preguntas a la naturaleza a través de experimentos prejuiciados, con lo que obtiene respuestas parciales que luego son presentadas como generalizaciones. Reflexión compartida por el científico contemporáneo , Dr. Humberto Maturana: … las explicaciones científicas no contienen los rasgos del fenómeno por explicar, sino que éstos resultan de los procesos que ellos implican. Por esta razón, las explicaciones científicas son proposiciones mecanicistas, y como tales, consisten en proposiciones de sistemas determinados por su estructura.
En esto radica la distorsión. La ciencia – como otras áreas del conocimiento – en su empeño por conocer el mundo, ha elaborado leyes, ha construido abstracciones cada vez más complejas sobre la base de hipótesis, modelos y experimentaciones estadísticamente satisfactorias. 0, según Ken Wilber, ha realizado distinciones de distinciones de distinciones. El problema surge cuando se da por supuesto que esas meta- meta-demarcaciones son la realidad.
Por una parte, es falso el no considerar todos los casos individualmente, y por otra parte produce un distanciamiento enorme, con su consiguiente deformación, de la naturaleza misma de las cosas, la que es no fragmentaria. Al decir de los neurolingüistas, el mapa no es el territorio.
La sincronicidad es por esencia incluyente, al no establecer distinciones de tiempo, espacio, ni categorías, y no imponer condiciones a su ocurrencia. Hipótesis nada descabellada si consideramos a la sincronicidad como un puente tendido entre el saber absoluto y la realidad externa, constituyendo un acontecimiento esencialmente creativo.
Acumulados estadísticamente, la distribución de sucesos sincronísticos se verifica en grupos aperiódicos, o de otro modo no serían aleatorios. En todos los casos la causalidad no ha podido ser encontrada o demostrada. Si pudiéramos conocer y establecer la existencia de la causa primera, del Gran Aliento al que hacíamos mención, desaparecería naturalmente la oposición entre causalidad y acausalidad al comprobarse el orden superior al que todos los fenómenos estarían subordinados. Así, el aparente antagonismo entre la distribución seriada, lineal, de los acontecimientos causales, y la distribución aperiódica y atemporal de las conexiones transversales significativas – como llamaba también Jung a la sincronicidad – quedaría abolida, siendo ambas expresiones diversas, parciales, y, por lo tanto, complementarias del Todo.
Pablo Cáceres


Extraído de http://alcione.cl

viernes, 10 de agosto de 2012

CHAKRAS

¿QUÉ SON LOS CHAKRAS?

Los chakras son fuerzas vitales de energía concentradas. Se encuentran dentro de nuestro campo áurico como masas de vórtices de color que penetran e interactúan con nuestro cuerpo físico, especialmente en lo relacionado con nuestro sistema endocrino, el sistema nervioso central y la columna vertebral. Las doctrinas tradicionales llaman a los siete chakras principales, o centros de poder del cuerpo, del modo que indicaremos a continuación, comenzando por la base de la columna vertebral. Cada chakra tiene su propio color.



7.- Chakra corona
Colores de influencia: blanco, violeta o dorado

6.- Chakra tercer ojo
Color de influencia: azul índigo

5.- Chakra garganta
Color de influencia: turquesa (o azul cielo)

4.- Chakra corazón
Color de influencia: verde (o rosa)

3.- Chakra plexo solar
Color de influencia: amarillo

2.- Chakra sacro
color de influencia: naranja

1.- Chakra raíz
Color de influencia: rojo


Dada esta secuencia de colores es evidente que los chakras progresan como los colores del espectro de la luz, un arco iris de tonos suaves, a través del aura y el cuerpo físico. La luz está compuesta de ondas que presentan minúsculas vibraciones eléctricas y magnéticas. Cada color del espectro es una onda de luz con una longitud de onda diferente.

EL CUERPO DE LA ENERGÍA ES LA LUZ
A través del campo áurico, cada chakra toma como alimento un determinado color energético de la luz, aspirándolo como si fuese un espiral, del mismo modo que hace el agua cuando pasa a través de un embudo. Ésta es la razón por la que, a lo largo de los siglos, los sanadores y los clarividentes han podido ver el aura y los chakras en forma de zonas revueltas de luz de color. Estos hermosos colores, así como la energía, fluctúan y se mueven constantemente, como un arco iris siempre cambiante.

LUZ Y CONCEPCIÓN

Se dice cuando un alma decide encarnarse en la Tierra, antes de llegar, selecciona a sus progenitores de modo que, durante la concepción, los chakras corona de los padres, que se abren por la parte superior de sus cuerpos, atraen conjuntamente a esa alma. Los chakras raíz, que se abren por abajo, reciben la energía sexual y la fuerza vital colectiva de cualquier ser vivo de la Tierra, que fluyen hacia el alma mientras ésta forma un embrión. La luz cósmica de las estrellas penetra a través del chakra corona de la madre. Los análisis espectroscópicos de la luz de las estrellas revelan la existencia de elementos conocidos en la Tierra como minerales. Nuestros cuerpos físicos también contienen minerales como el hierro, magnesio, calcio y boro. El cuerpo de cada alma encarnada recibe la energía de la fuerza vital del universo; la conciencia humana es la piedra preciosa de la vida sembrada por las estrellas.

CHAKRAS MAYORES Y MENORES

Ya hemos definido a los chakras como ruedas de luz o vórtices de energía. Además de los consabidos siete chakras mayores, existen otros 21 chakras menores o secundarios. Los chakras menores están vinculados a las siguientes zonas del cuerpo: uno en cada planta de cada pie y detrás de cada rodilla; uno para cada gónada, dos para el bazo, uno para el estómago y otro situado cerca del hígado; uno en la palma de cada mano y en cada pecho; uno en cada clavícula, en cada sien y detrás de cada ojo y otro cerca de la glándula timo.
Los chakra menores pueden definirse como los defensores de la energía etérea del cuerpo, mientras que los siete chakras mayores son los iniciadores o los guardianes del cuerpo.

LOS FLUJOS DE ENERGÍA

El primer chakra, o chakra raíz, es la fuente de la vida: desde él se constituye y crece el cuerpo físico. En cuanto al campo áurico, el chakra raíz está relacionado con los chakras menores situados en los pies, en las rodillas y en las gónadas. Esto se debe, además de al hecho de que la energía fluye a lo largo de la zona de la columna vertebral, a que la energía también entra en el cuerpo a través de los pies y fluye hacia arriba por las piernas hasta la base de la columna vertebral.
El flujo de energía concentrado a través de los chakras mayores está asociado principalmente a las glándulas endocrinas, que segregan hormonas estimulando de ese modo los procesos fisiológicos.
Los chakras menores están conectados con el sistema linfático vascular, hecho que permite el transporte del exceso de fluido y de las partículas residuales superfluas procedentes de las células del cuerpo. De este modo se ayuda al cuerpo a luchar contra las enfermedades e infecciones.

LOS CAMINOS DE LA ENERGÍA

De acuerdo con la tradición del Yoga, en el interior de nuestros cuerpos etéreos, campos de energía, hay 72.000 canales energéticos llamados nadis que conectan el aura y los chakras con nuestro cuerpo físico. Algunos de estos canales, o meridianos, son utilizados en la acupuntura. El Yoga y la meditación trabajan sobre tres nadis, considerados como los canales principales, para purificarlos y permitir que la fuerza vital, o prana, fluya libremente.

.-Ida nadi: es el canal izquierdo o lunar y está conectado a la parte derecha del cerebro. Fluye hacia abajo, hasta la base de la columna vertebral.
.-Pingala nadi: es el canal derecho o solar y está conectado con la parte izquierda del cerebro. Fluye hacia abajo hasta la base de la columna vertebral.
.-Sushumna nadi: es el gran nadi central y esta conectado a la columna vertebral y al sistema nervioso central.

Los nadis Ida y Pingala se cruzan con el Sushumna en los siete puntos en los que se hallan los chakras y se unen en el chakra tercer ojo, creando un espiral de energía que recorre el cuerpo y que está centrado a lo largo de la columna vertebral.

KUNDALINI: EL FUEGO DE LA SERPIENTE

En el chakra raíz se halla la serpiente enroscada de Kundalini: el impulso sexual y nuestro instrumento primario de la vida sensitiva. En Oriente, las prácticas tántricas se han desarrollado con el objeto de llevar energía sexual desde el chakra raíz hasta los más elevados. Con el Yoga se consigue mover lentamente el "fuego de la serpiente" a través de los chakras. En el primer chakra, este fuego aumenta nuestra conexión con la naturaleza y mejora nuestra vida sexual. En el segundo, incrementa la comprensión de los demás, mientras que en el tercero mejora la asimilación del alimento y en el cuarto estimula la función del corazón y la capacidad de amar. En el quinto, nos facilita el expresar de nuestros propios sentimientos y, en el sexto, aumenta nuestra creatividad. Por último, en el séptimo, mejora nuestra capacidad para dormir y para experimentar otros estados de conciencia.

CHAKRA RAÍZ




Nombre hindú: Muladhara
Mantra: Lam
Afirmación: Equilibro mis energías vitales y reconozco mi finalidad kármica en la Tierra
Nota musical: Do
Elementos asociados: Tierra
Símbolo: Flor de loto de cuatro pétalos
Color de los pétalos: Rojo bermellón
Dios y diosa hindúes: Brahma y Dakini
Animal hindú: Elefante con siete trompas
Cuestiones clave: Sexualidad, codicia y obsesión
Función de la energía: Estabilización de la energía de la tierra que entra en el cuerpo a través de los pies y de las piernas
Localización física: Entre el ano y los genitales, abriéndose hacia abajo
Zona de la columna vertebral asociada: Cuarta vértebra sacra
Sistema fisiológico: Reproductor
Glándula endocrina: Gónada
Plexo nervioso: Sacro-coccígeo
Actividad: Engendramiento
Sentido corporal: Olfato
Aspecto interior: Mantener las energías espirituales
Enseñanza vital: Supervivencia y establecimiento de un objetivo en la Tierra
Acción física: Sexualidad
Acción mental: Estabilidad
Acción emocional: Sensualidad
Acción espiritual: Seguridad
Piedras preciosas para activar: Granate y rubí
Piedras preciosas para calmar: Esmeralda y zafiro
Cristales para equilibrar: Cornalina y turmalina negra
Aceite escencial: Patchouli
Planeta: Marte
Referencia Astrológica: Aries; Casa 1: Vida
Metal: Hierro
Animal amerindio: Serpiente
Color para equilibrar/activar: Rojo
Color para calmar: Rosa

CHAKRA SACRO

Nombre hindú: Svadisthana
Mantra: Vam
Afirmación: En ti veo otro yo
Nota musical: Re
Elementos asociados: Agua
Símbolo: Flor de loto de seis pétalos
Color de los pétalos: Naranja-dorado
Dios y diosa hindúes: Vishnu y Rakini
Animal hindú: Makara, criatura mítica que es medio caimán, medio pez.
Cuestiones clave: Relaciones, violencia y adicciones
Función energética: Transmuta la energía sexual
Localización física: La parte alta del sacro, bajo el ombligo
Zona de la columna vertebral asociada: La primera vértebra lumbar
Sistema fisiológico: Genitourinario
Glándula endocrina: Suprarrenal
Plexo nervioso: Sacro
Actividad: Excreción
Sentido corporal: Gusto
Aspecto interno: Sentimiento
Enseñanza vital: La búsqueda de relaciones significativas con todas las formas de vida
Acción física: Reproducción
Acción mental: Creatividad
Acción emocional: Alegría
Acción espiritual: Entusiasmo
Piedras preciosas para activar: Ópalo y cornalina
Piedras preciosas para calmar: Esmeralda
Cristales para equilibrar: Feldespato y aguamarina
Aceite escencial: Madera de sándalo
Planetas: Venus y Mercurio
Referencia Astrológica: Tauro/Géminis; Casa 2: Posesiones/Casa 3: Educación
Metales: Cobre y mercurio
Animal amerindio: Acuáticos
Color para equilibrar/activar: Naranja
Colores para calmar: Melocotón y ámbar

CHAKRA PLEXO SOLAR



Nombre hindú: Manipura
Mantra: Ram
Afirmación: Yo honro el poder de dar vida del Sol
Nota musical: Mi
Elementos asociados: Fuego
Símbolo: Flor de loto de diez pétalos
Color de los pétalos: Amarillo-dorado
Dios y diosa hindúes: Rudra y Lakini
Animal hindú: Ram (macho cabrío)
Cuestiones clave: Poder, miedo, ansiedad e introversión
Función energética: Convierte la energía solar y pránica
Localización física: Entre el ombligo y el extremo del esternón
Zona de la columna vertebral asociada: Las vértebras torácicas séptima y octava
Sistema fisiológico: Metabólico/digestivo
Glándula endocrina: Isetas de Langerhans (grupo de células en el páncreas)
Plexo nervioso: Plexo solar
Actividad: Movimiento
Sentido corporal: Vista
Aspectos internos: Opinión y poder personal
Enseñanza de la vida: honrar la sabiduría de los demás para mejorar las facultades personales
Acción física: Digestión
Acción mental: Poder
Acción emocional: Expansión
Acción espiritual: Crecimiento
Piedras preciosas para activar: Topacio
Piedras preciosas para calmar: Esmeralda y zafiro
Cristales para equilibrar: Citrino
Aceite escencial: Salvia
Cuerpos celestes: Sol y Luna
Referencia Astrológica: Leo/Cáncer; Casa 5: Amor/Casa 4: Familia
Metales: Oro y plata
Animal amerindio: Pájaro
Color para equilibrar/activar: Dorado amarillo
Color para calmar: Violeta

CHAKRA CORAZÓN



Nombre hindú: Anahata
Mantra: Yam
Afirmación: La Creación es una joya preciosa en la flor de loto de mi corazón
Nota musical: Fa
Elementos asociados: Aire
Símbolo: Flor de loto de doce pétalos
Color de los pétalos: Verde hierba
Dios y diosa hindúes: Ishay Kakini
Animal hindú: Antílope
Cuestiones clave: Pasión, ternura, asuntos infantiles internos y rechazo.
Funciones energéticas: Receptor/distribuidor de la energía de amor incondicional
Localización física: Centro del pecho en el esternón
Zona de la columna vertebral asociada: La cuarta vértebra torácica
Sistemas fisiológicos: Circulatorio, linfático e inmunológico
Glándula endocrina: Timo
Plexo nervioso: Plexo del corazón
Actividad: Manipulación
Sentido corporal: Tacto
Aspectos internos: Amor incondicional y compasión
Enseñanza vital: Honrar las formas terrestres de amor divino
Acción física: Circulación
Acción mental: Pasión
Acción emocional: Amor
Acción espiritual: Devoción
Piedras preciosas para activar: Esmeralda
Piedras preciosas para calmar: Zafiro y topacio
Cristales para equilibrar: Venturina, cuarzo rosa, rodonita y rodocrosita
Aceite escencial: Rosa
Planetas: Venus y Mercurio
Referencia Astrológica: Libra/Virgo; Casa 7: Compañerismo/Casa 6: Salud
Metales: Cobre y mercurio
Animal amerindio: Mamíferos
Color para equilibrar/activar: Verde intenso
Colores para calmar: Magenta y rosa

CHAKRA GARGANTA

Nombre hindú: Vishuddha
Mantra: Ham
Afirmación: Expresaré mi mayor sabiduría a los demás
Nota musical: Sol
Elementos asociados: Éter (Akasha)
Símbolo: Flor de loto seis pétalos
Color de los pétalos: Turquesa y azul humo
Dios y diosa hindúes: Sadasiva y Sakini
Animal hindú: Elefante
Cuestiones clave: Autoexpresión, comunicación y voluntad
Funciones energéticas: Actúa como un puente entre energías físicas y espirituales
Localización física: Entre la clavicula y la laringe, en el cuello
Zona de la columna vertebral asociada: Tercera vértebra cervical
Sistema fisiológico: Respiratorio
Glándulas endocrinas: Tiroides/paratiroides
Plexo nervioso: Ganglio cervical
Actividad: Habla
Sentido corporal: Oído
Aspecto interno: Expresión
Enseñanza de la vida: armonizar con la compasión
Acción física: Comunicación
Acción mental: Corriente de pensamiento
Acción emocional: Independencia
Acción espiritual: Inspiración
Piedras preciosas para activar: Topacio
Piedras preciosas para calmar: Zafiro y esmeralda
Cristales para equilibrar: Turquesa y silice
Aceite escencial: Lavanda
Planetas: Marte y Júpite
Referencia Astrológica: Sagitario/Escorpio; Casa 9: Intelecto/Casa 8: Muerte
Metales: Hierro y estaño
Animal amerindio: Ser humano
Color para equilibrar/activar: Turquesa
Color para calmar: Azul pálido

CHAKRA TERCER OJO


Nombre hindú: Ajna
Mantra: Ksham
Afirmación: Manifiesto mi patrimonio kármico ahora
Nota musical: La
Elementos asociados: Espíritu
Símbolo: Flo de loto de dos pétalos
Color de los pétalos: Azul índigo intenso
Dios y diosa hindúes: Shiva y Shakti Hakini
Animal hindú: Ninguno
Cuestiones clave: Equilibrar el Yo más elevado y el menos elevado, y confiar en el consejo interior
Función energética: Combinar las energías masculina y femenina
Localización física: Centro de la frente
Zona de la columna vertebral asociada: Primera vértebra cervical
Sistemas fisiológicos: Endocrino y nervioso
Glándula endocrina: Pituitaria
Plexo nervioso: Hipotálamo y pituitario
Actividad: Perspicacia
Sentido corporal: Clarividencia
Aspecto interior: Intuición
Enseñanza vital: Completar la enseñanza kármica de esta vida
Acción física: Visualización
Acción emocional: Claridad
Acción espiritual: Meditación
Piedras preciosas para activar: Diamante
Piedras preciosas para calmar: Zafiro y esmeralda
Cristales para equilibrar: Lapislázuli
Aceite escencial: Incienso
Planetas: Urano y Saturno
Referencia Astrológica: Acuario/Capricornio; Casa 11: Objetivos/Casa 10: Profesión
Metales: Plata y plomo
Animales amerindios: Todos los guías del espíritu, ancestros y seres multidimensionales de la luz
Color para equilibrar/activar: Azul Ultramarino
Color para calmar: Azul índigo

CHAKRA CORONA


Nombre hindú: Sahasrara
Mantra: Om
Afirmación: Manifiesto la pura Luz del Espíritu
Nota musical: Si
Elementos asociados: Espíritu
Símbolo: Flor de loto de mil pétalos
Color de los pétalos: Blanco, violeta o dorado
Dios y diosa hindúes: Shiva y Shakti
Animal hindú: Ninguno, representa la iluminación humana
Cuestiones clave: Sabiduría y madurez interior
Localización física: Parte superior de la cabeza
Zona de la columna vertebral asociada: Ninguna
Sistemas fisiológicos: Nervioso central y cerebro
Glándula endocrina: Pineal
Plexo nervioso: Córtex cerebral
Actividad: Trascendencia
Sentido corporal: PES (clarividencia, clarisensación y clariaudiencia)
Aspecto interior: Liberación
Enseñanza vital: Liberarse de las ataduras para trascender el karma terrenal
Acción física: Meditación
Acción mental: Conciencia universal
Acción emocional: Existencia
Acción espiritual: Unión
Piedras preciosas para activar: Zafiro
Piedras preciosas para calmar: Esmeralda
Cristales para equilibrar: Cuarzo y amatista transparentes
Aceite escencial: Ylang-ylang
Planeta: Neptuno
Referencia Astrologica: Pisis; Casa 12: Desafíos
Metal: Platino
Animal amerindio: Kachina, símbolo del Espíritu Universal encarnado en toda vida animada
Color para equilibrar/activar: Luz dorada y blanca
Color para calmar: Rosa pálido

Extraido de Chakras de Particia Mercier MENS SANA
Yin Yang