domingo, 23 de septiembre de 2012

LA SOMBRA - LA ENFERMEDAD COMO CAMINO

Toda la Creación existe en ti y todo lo que hay en ti existe también en la Creación. No hay divisoria entre tú y un objeto que esté muy cerca de ti, como tampoco hay distancia entre tú y los objetos lejanos. Todas las cosas, las más pequeñas y las más grandes, las más bajas y las más altas, están en ti y son de tu misma condición. Un solo átomo contiene todos los elementos de la Tierra. Un solo movimiento del espíritu contiene todas las leyes de la vida. En una sola gota de agua se encuentra el secreto del inmenso océano. Una sola manifestación de ti contiene todas las manifestaciones de la vida.

KAHIL GIBRÁN

El individuo dice «yo» y con esta palabra entiende una serie de características: «Varón, alemán, padre de familia y maestro. Soy activo, dinámico, tolerante, trabajador, amante de los animales, pacifista, bebedor de té, cocinero por afición, etc.» A cada una de estas características precedió, en su momento, una decisión, se optó entre dos posibilidades, se integró un polo en la identidad y se descartó el otro. Así la identidad «soy activo y trabajador» excluye automáticamente «soy pasivo y vago». De una identificación suele derivarse rápidamente también una valoración: «En la vida hay que ser activo y trabajador; no es bueno ser pasivo y vago.» Por más que esta opinión se sustente con argumentos y teorías, esta valoración no pasa de subjetiva.
Desde el punto de vista objetivo, esto es sólo una posibilidad de plantearse las cosas—y una posibilidad muy convencional—. ¿Qué pensaríamos de una rosa roja que proclamara muy convencida: «Lo correcto es florecer en rojo. Tener flores azules es un error y un peligro.» El repudio de cualquier forma de manifestación es siempre señal de falta de identificación (... por cierto que la violeta, por su parte, no tiene nada en contra de la floración azulada).
Por lo tanto, cada identificación que se basa en una decisión descarta un polo. Ahora bien, todo lo que nosotros no queremos ser, lo que no queremos admitir en nuestra identidad, forma nuestro negativo, nuestra «sombra». Porque el repudio de la mitad de las posibilidades no las hace desaparecer sino que sólo las destierra de la identificación o de la conciencia.
El «no» ha quitado de nuestra vista un polo, pero no lo ha eliminado. El polo descartado vive desde ahora en la sombra de nuestra conciencia. Del mismo modo que los niños creen que cerrando los ojos se hacen invisibles, las personas imaginan que es posible librarse de la mitad de la realidad por el procedimiento de no reconocerse en ella. Y se deja que un polo (por ejemplo, la laboriosidad) salga a la luz de la conciencia mientras que el contrario (la pereza) tiene que permanecer en la oscuridad donde uno no lo vea. El no ver se considera tanto como no tener y se cree que lo uno puede existir sin lo otro.
Llamamos sombra (en la acepción que da a la palabra C. G. Jung) a la suma de todas las facetas de la realidad que el individuo no reconoce o no quiere reconocer en sí y que, por consiguiente, descarta. La sombra es el mayor enemigo del ser humano: la tiene y no sabe que la tiene, ni la conoce. La sombra hace que todos los propósitos y los afanes del ser humano le reporten, en última instancia, lo contrario de lo que él perseguía. El ser humano proyecta en un mal anónimo que existe en el mundo todas las manifestaciones que salen de su sombra porque tiene miedo de encontrar en sí mismo la verdadera fuente de toda desgracia. Todo lo que el ser humano rechaza pasa a su sombra que es la suma de todo lo que él no quiere. Ahora bien, la negativa a afrontar y asumir una parte de la realidad no conduce al éxito deseado. Por el contrario, el ser humano tiene que ocuparse muy especialmente de los aspectos de la realidad que ha rechazado. Esto suele suceder a través de la proyección, ya que cuando uno rechaza en su interior un principio determinado, cada vez que lo encuentre en el mundo exterior desencadenará en él una reacción de angustia y repudio.
No estará de más recordar, para mejor comprender esta relación, que nosotros entendemos por «principios» regiones arquetípicas del ser que pueden manifestarse con una enorme variedad de formas concretas. Cada manifestación es entonces representación de aquel principio esencial. Por ejemplo: la multiplicación es un principio. Este principio abstracto puede presentársenos bajo las más diversas manifestaciones (3 por 4, 8 por 7, 49 por 248, etc.). Ahora bien, todas y cada una de estas formas de expresión, exteriormente diferentes, son representación del principio «multiplicación». Además, hemos de tener claro que el mundo exterior está formado por los mismos principios arquetípicos que el mundo interior. La ley de la resonancia dice que nosotros sólo podemos conectar con aquello con lo que estamos en resonancia.
Este razonamiento, expuesto extensamente en Schicksal als Chance, conduce a la identidad entre mundo exterior y mundo interior. En la filosofía hermética esta ecuación entre mundo exterior y mundo interior o entre individuo y Cosmos se expresa con los términos: microcosmos = macrocosmos. (En la Segunda Parte de este libro, en el capítulo dedicado a los órganos sensoriales, examinaremos esta problemática desde otro punto de vista.)
Proyección significa, pues, que con la mitad de todos los principios fabricamos un exterior, puesto que no los queremos en nuestro interior. Al principio decíamos que el Yo es responsable de la separación del individuo de la suma de todo el Ser. El Yo determina un Tú que es considerado como lo externo. Ahora bien, si la sombra está formada por todos los principios que el Yo no ha querido asumir, resulta que la sombra y el exterior son idénticos. Nosotros siempre sentimos nuestra sombra como un exterior, porque si la viéramos en nosotros ya no sería la sombra. Los principios rechazados que ahora aparentemente nos acometen desde el exterior los combatimos en el exterior con el mismo encono con que los habíamos combatido dentro de nosotros. Nosotros insistimos en nuestro empeño de borrar del mundo los aspectos que valoramos negativamente. Ahora bien, dado que esto es imposible —véase la ley de la polaridad—, este intento se convierte en una pugna constante que garantiza que nos ocupamos con especial intensidad de la parte de la realidad que rechazamos.
Esto entraña una irónica ley a la que nadie puede sustraerse: lo que más ocupa al ser humano es aquello que rechaza. Y de este modo se acerca al principio rechazado hasta llegar a vivirlo. Es conveniente no olvidar las dos últimas frases. El repudio de cualquier principio es la forma más segura de que el sujeto llegue a vivir este principio. Según esta ley, los niños siempre acaban por adquirir las formas de comportamiento que habían odiado en sus padres, los pacifistas se hacen militantes; los moralistas, disolutos; los apóstoles de la salud, enfermos graves.
No se debe pasar por alto que rechazo y lucha significan entrega y obsesión. Igualmente, el evitar en forma estricta un aspecto de la realidad indica que el individuo tiene un problema con él. Los campos interesantes e importantes para un ser humano son aquellos que él combate y repudia, porque los echa de menos en su conciencia y le hacen incompleto. A un ser humano sólo pueden molestarle los principios del exterior que no ha asumido.
En este punto de nuestras consideraciones, debe haber quedado claro que no hay un entorno que nos marque, nos moldee, influya en nosotros o nos haga enfermar: el entorno hace las veces de espejo en el que sólo nos vemos a nosotros mismos y también, desde luego y muy especialmente, a nuestra sombra a la que no podemos ver en nosotros. Del mismo modo que de nuestro propio cuerpo no podemos ver más que una parte, pues hay zonas que no podemos ver (los ojos, la cara, la espalda, etc.) y para contemplarlas necesitamos del reflejo de un espejo, también para nuestra mente padecemos una ceguera parcial y sólo podemos reconocer la parte que nos es invisible (la sombra) a través de su proyección y reflejo en el llamado entorno o mundo exterior. El reconocimiento precisa de la polaridad.
El reflejo, empero, sólo sirve de algo a aquel que se reconoce en el espejo: de lo contrario, se convierte en una ilusión. El que en el espejo contempla sus ojos azules, pero no sabe que lo que está viendo son sus propios ojos en lugar de reconocimiento sólo obtiene engaño. El que vive en este mundo y no reconoce que todo lo que ve y lo que siente es él mismo, cae en el engaño y el espejismo. Hay que reconocer que el espejismo resulta increíblemente vívido y real (... muchos dicen, incluso, demostrable), pero no hay que olvidar esto: también el sueño nos parece auténtico y real, mientras dura. Hay que despertarse para descubrir que el sueño es sueño. Lo mismo cabe decir del gran océano de nuestra existencia. Hay que despertarse para descubrir el espejismo.
Nuestra sombra nos angustia. No es de extrañar, por cuanto que está formada exclusivamente por aquellos componentes de la realidad que nosotros hemos repudiado, los que menos queremos asumir. La sombra es la suma de todo lo que estamos firmemente convencidos que tendría que desterrarse del mundo, para que éste fuera santo y bueno. Pero lo que ocurre es todo lo contrario: la sombra contiene todo aquello que falta en el mundo —en nuestro mundo—para que sea santo y bueno. La sombra nos hace enfermar, es decir, nos hace incompletos: para estar completos nos falta todo lo que hay en ella.
La narración del Grial trata precisamente de este problema. El rey Anfortas está enfermo, herido por la danza del mago Klingor o, en otras versiones, por un enemigo pagano o, incluso, por un enemigo invisible. Todas estas figuras son símbolos inequívocos de la sombra de Anfortas: su adversario, invisible para él. Su sombra le ha herido y él no puede sanar por sus propios medios, no puede recobrar la salud, porque no se atreve a preguntar la verdadera causa de su herida. Esta pregunta es necesaria, pero preguntar esto sería preguntar por la naturaleza del Mal. Y, puesto que él es incapaz de plantearse este conflicto, su herida no puede cicatrizar. Él espera un salvador que tenga el valor de formular la pregunta redentora. Parsifal es capaz de ello, porque, como su nombre indica, es el que «va por el medio», por el medio de la polaridad del Bien y el Mal con lo que obtiene la legitimación para formular la pregunta salvadora: «¿Qué te falta, Oheim?» La pregunta es siempre la misma, tanto en el caso de Anfortas como en el de cualquier otro enfermo: «¡La sombra!» La sola pregunta acerca del mal, acerca del lado oscuro del hombre, tiene poder curativo. Parsifal, en su viaje, se ha enfrentado valerosamente con su sombra y ha descendido a las oscuras profundidades de su alma hasta maldecir a Dios. El que no tenga miedo a este viaje por la oscuridad será finalmente un auténtico salvador, un redentor. Por ello, todos los héroes míticos han tenido que luchar contra monstruos, dragones y demonios y hasta contra el mismo infierno, para ser salvos y salvadores.
La sombra produce la enfermedad, y el encararse con la sombra cura. Ésta es la clave para la comprensión de la enfermedad y la curación. Un síntoma siempre es una parte de sombra que se ha introducido en la materia. Por el síntoma se manifiesta aquello que falta al ser humano. Por el síntoma el ser humano experimenta aquello que no ha querido experimentar conscientemente. El síntoma, valiéndose del cuerpo, reintegra la plenitud al ser humano. Es el principio de complementariedad lo que, en última instancia, impide que el ser humano deje de estar sano. Si una persona se niega a asumir conscientemente un principio, este principio se introduce en el cuerpo y se manifiesta en forma de síntoma. Entonces el individuo no tiene más remedio que asumir el principio rechazado. Por lo tanto, el síntoma completa al hombre, es el sucedáneo físico de aquello que falta en el alma.
En realidad, el síntoma indica lo que le «falta» al paciente, porque el síntoma es el principio ausente que se hace material y visible en el cuerpo. No es de extrañar que nos gusten tan poco nuestros síntomas, ya que nos obligan a asumir aquellos principios que nosotros repudiamos. Y entonces proseguimos nuestra lucha contra los síntomas, sin aprovechar la oportunidad que se nos brinda de utilizarlos para completarnos. Precisamente en el síntoma podemos aprender a reconocernos, podemos ver esas partes de nuestra alma que nunca descubriríamos en nosotros, puesto que están en la sombra. Nuestro cuerpo es espejo de nuestra alma; él nos muestra aquello que el alma no puede reconocer más que por su reflejo. Pero, ¿de qué sirve el espejo, por bueno que sea, si nosotros no nos reconocemos en la imagen que vemos? Este libro pretende ayudar a desarrollar esa visión que necesitamos para descubrirnos a nosotros mismos en el síntoma.
La sombra hace simulador al ser humano. La persona siempre cree ser sólo aquello con lo que se identifica o ser sólo tal como ella se ve. A esta autovaloración llamamos nosotros simulación. Con este término designamos siempre la simulación frente a uno mismo ( no las mentiras o falsedades que se cuentan a los demás). Todos los engaños de este mundo son insignificantes comparados con el que el ser humano comete consigo mismo durante toda su vida. La sinceridad para con uno mismo es una de las más duras exigencias que el hombre puede hacerse. Por ello, desde siempre el conocimiento de sí mismo es la tarea más importante y más difícil que pueda acometer el que busca la verdad. El conocimiento del propio ser no significa descubrir el Yo, pues el ser lo abarca todo mientras que el Yo, con su inhibición, constantemente impide el conocimiento del todo, del ser. Y, para el que busca la sinceridad al contemplarse a sí mismo, la enfermedad puede ser de gran ayuda. ¡Porque la enfermedad nos hace sinceros! En el síntoma de la enfermedad tenemos claro y palpable aquello que nuestra mente trataba de desterrar y esconder.
La mayoría de la gente tiene dificultades para hablar de sus problemas más íntimos (suponiendo que los conozca siquiera) de forma franca y espontánea; los síntomas, por el contrario, los explican con todo detalle a la menor ocasión. Desde luego, es imposible descubrir con más detalle la propia personalidad. La enfermedad hace sincera a la gente y descubre implacablemente el fondo del alma que se mantenía escondido. Esta sinceridad (forzosa) es sin duda lo que provoca la simpatía que sentimos hacia el enfermo. La sinceridad lo hace simpático, porque en la enfermedad se es auténtico. La enfermedad deshace todos los sesgos y restituye al ser humano al centro de equilibrio. Entonces, bruscamente, se deshincha el ego, se abandonan las pretensiones de poder, se destruyen muchas ilusiones y se cuestionan formas de vida. La sinceridad posee su propia hermosura, que se refleja en el enfermo.
En resumen: el ser humano, como microcosmos, es réplica del universo y contiene latente en su conciencia la suma de todos los principios del ser. La trayectoria del individuo a través de la polaridad exige realizar con actos concretos estos principios que existen en él en estado latente, a fin de asumirlos gradualmente. Porque el discernimiento necesita de la polaridad y ésta, a su vez, constantemente impone en el ser humano la obligación de decidir. Cada decisión divide la polaridad en parte aceptada y polo rechazado. La parte aceptada se traduce en la conducta y es asumida conscientemente. El polo rechazado pasa a la sombra y reclama nuestra atención presentándosenos aparentemente procedente del exterior. Una forma frecuente y específica de esta ley general es la enfermedad, por la cual una parte de la sombra se proyecta en el físico y se manifiesta como síntoma. El síntoma nos obliga a asumir conscientemente el principio rechazado y con ello devuelve el equilibrio al ser humano. El síntoma es concreción somática de lo que nos falta en la conciencia. El síntoma, al hacer aflorar elementos reprimidos, hace sinceros a los seres humanos.

Extraído de "La Enfermedad como Camino" 

miércoles, 12 de septiembre de 2012

ENTRELAZAMIENTO CUÁNTICO


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ENTRELAZAMIENTO CUÁNTICO

El entrelazamiento cuántico (Quantenverschränkung, originariamente en alemán), es una propiedad predicha en 1935 por Einstein, Podolsky y Rosen (en lo sucesivo EPR) en su formulación de la llamada paradoja EPR. El término fue introducido en 1935 por Erwin Schrödinger para describir un fenómeno de mecánica cuántica que se demuestra en los experimentos pero no se ha comprendido del todo. En este caso las partículas entrelazadas (en su término técnico en inglés: entangled ) no pueden definirse como partículas individuales con estados definidos sino más bien como un sistema.
Es un fenómeno cuántico, sin equivalente clásico, en el cual los estados cuánticos de dos o más objetos se deben describir haciendo referencia a los estados cuánticos de todos los objetos del sistema, incluso si los objetos están separados espacialmente. Esto lleva a correlaciones entre las propiedades físicas observables. Por ejemplo, es posible preparar (enlazar) dos partículas en un solo estado cuántico de forma que cuando se observa que una gira hacia arriba la otra siempre girará hacia abajo, pese a la imposibilidad de predecir, según los postulados de la mecánica cuántica, qué estado cuántico se observará.
Esas fuertes correlaciones hacen que las medidas realizadas sobre un sistema parezcan estar influenciando instantáneamente otros sistemas que están enlazados con él, y sugieren que alguna influencia se tendría que estar propagando instantáneamente entre los sistemas, a pesar de la separación entre ellos.
No obstante, no parece que se pueda transmitir información clásica a velocidad superior a la de la luz mediante el entrelazamiento porque no se puede transmitir ninguna información útil a más velocidad que la de la luz. Sólo es posible la transmisión de información usando un conjunto de estados entrelazados en conjugación con un canal de información clásico, también llamado teleportación cuántica. Mas, por necesitar de ese canal clásico, la información útil no podrá superar la velocidad de la luz.
El entrelazamiento cuántico fue en un principio planteada por sus autores (Einstein, Podolsky y Rosen) como un argumento en contra de la mecánica cuántica, en particular con vistas a probar su incompletitud puesto que se puede demostrar que las correlaciones predichas por la mecánica cuántica son inconsistentes con el principio del realismo local que dice que cada partícula debe tener un estado bien definido, sin que sea necesario hacer referencia a otros sistemas distantes.
Con el tiempo se ha acabado definiendo como uno de los aspectos más peculiares de esta teoría, especialmente desde que el físico norirlandés John S. Bell diera un nuevo impulso a este campo en los años 60 gracias a un refinado análisis de las sutilezas que involucra el entrelazamiento. La propiedad matemática que subyace a la propiedad física de entrelazamiento es la llamada no separabilidad. Además, los sistemas físicos que sufren entrelazamiento cuántico son típicamente sistemas microscópicos (todos los que se conocen de hecho lo son), pues en el ámbito macroscópico esta propiedad se pierde en general debido al fenómeno de la decoherencia.
El entrelazamiento es la base de tecnologías en fase de desarrollo tales como la computación cuántica o la criptografía cuántica, y se ha utilizado en experimentos de teleportación cuántica.

MOTIVACIÓN Y ANTECEDENTES HISTÓRICOS

En el contexto original del artículo de EPR, el entrelazamiento se postula como una propiedad estadística del sistema físico formado por una pareja de electrones que provienen de una fuente común y están altamente correlacionados debido a la ley de conservación del momento lineal. Según el argumento de EPR, si, transcurrido un cierto tiempo desde la formación de este estado de dos partículas, realizásemos la medición simultánea del momento lineal en uno de los electrones y de la posición en el otro, habríamos logrado sortear las limitaciones impuestas por el principio de indeterminación de Heisenberg a la medición de ambas variables físicas, ya que la alta correlación nos permitiría inferir las propiedades físicas correlativas de una partícula (posición o momento) respecto de la otra. Si esto no fuera así, tendríamos que aceptar que ambas partículas transmiten instantáneamente algún tipo de perturbación que a la larga (cuando se recopilan los datos estadísticos) tendría el efecto de alterar las distribuciones estadísticas de tal forma que el principio de Heisenberg quedase salvaguardado (haciendo más indefinida la posición de una de las partículas cuando se mide el momento lineal de la otra, y viceversa).
Es importante señalar que los términos simultáneamente o instantáneamente, que acabamos de usar, no tienen en realidad significado preciso dentro del contexto de la teoría de la relatividad especial, que es el esquema universalmente aceptado para la representación de sucesos en el espacio-tiempo. Debe interpretarse por lo tanto que las mediciones antes mencionadas se hacen en un intervalo temporal tan breve que es imposible que los sistemas se comuniquen con una celeridad menor o igual que la establecida por el límite que impone la velocidad de la luz o velocidad máxima de propagación de las interacciones.

PLANTEAMIENTO ACTUAL EN TÉRMINO DE FOTONES

Hoy día se prefiere plantear todas las cuestiones relativas al entrelazamiento usando fotones (en lugar de electrones) como sistema físico a estudiar y considerando sus espines como variables físicas a medir.
El motivo es doble: por una parte es experimentalmente más fácil preparar estados coherentes de dos fotones (o más) altamente correlacionados mediante técnicas de conversión paramétrica a la baja que preparar estados de electrones o núcleos de átomos ( en general materia leptónica o bariónica) de análogas propiedades cuánticas; y por otra parte es mucho más fácil hacer razonamientos teóricos sobre un observable de espectro discreto como el espín que sobre uno de espectro continuo, como la posición o el momento lineal.
De acuerdo con el análisis estándar del entrelazamiento cuántico, dos fotones (partículas de luz) que nacen de una misma fuente coherente estarán entrelazados; es decir, ambas partículas serán la superposición de dos estados de dos partículas que no se pueden expresar como el producto de estados respectivos de una partícula.
En otras palabras: lo que le ocurra a uno de los dos fotones influirá de forma instantánea a lo que le ocurra al otro, dado que sus distribuciones de probabilidad están indisolublemente ligadas con la dinámica de ambas. Este hecho, que parece burlar el sentido común, ha sido comprobado experimentalmente, e incluso se ha conseguido el entrelazamiento triple, en el cual se entrelazan tres fotones.

INTERCAMBIO DE ENTRELAZAMIENTO

El entrelazamiento cuántico puede ser aplicado no sólo a estados puros, sino también a estados mezcla, o inclusive a un estado no definido de una partícula entrelazada. El "intercambio de entrelazamiento" es un ejemplo simple e ilustrativo.
Supongamos que dos partes, Alice y Carol, necesitan crear un canal de teleportación pero carecen de un par de partículas entrelazadas, lo cual hace que esta tarea sea imposible. Además, supongamos que Alice tiene en su poder una partícula que está entrelazada con una partícula que pertenece a una tercera parte, Bob. Si Bob teletransporta su partícula a Carol, hará que la partícula de Alice se enlace automáticamente con la de Carol.

PERSPECTIVA

Hoy en día se buscan aplicaciones tecnológicas para esta propiedad cuántica. Una de ellas es la llamada teleportación de estados cuánticos, si bien parecen existir limitaciones importantes a lo que se puede conseguir en principio con dichas técnicas, dado que la transmisión de información parece ir ligada a la transmisión de energía (lo cual en condiciones superlumínicas implicaría la violación de la causalidad relativista).
Es preciso entender que la teleportación de estados cuánticos está muy lejos de parecerse a cualquier concepto de teleportación que se pueda extraer de la ciencia ficción y fuentes similares. La teleportación cuántica sería más bien un calco exacto transmitido instantáneamente (dentro de las restricciones impuestas por el principio de relatividad especial) del estado atómico o molecular de un grupo muy pequeño de átomos. Piénsese que si las dificultades para obtener fuentes coherentes de materia leptónica son grandes, aún lo serán más si se trata de obtener fuentes coherentes de muestras macroscópicas de materia, no digamos ya un ser vivo o un chip con un estado binario definido, por poner un ejemplo.
El estudio de los estados entrelazados tiene gran relevancia en la disciplina conocida como computación cuántica, cuyos sistemas se definirían por el entrelazamiento.

SECUENCIA HISTÓRICA

Luego de establecer la primera versión de la mecánica cuántica, Werner Heisenberg propone el denominado principio de indeterminación de Heisenberg, que describe cuantitativamente la limitación de la exactitud con que pueden medirse simultáneamente variables tales como posición y cantidad de movimiento, o bien energía y tiempo.
Lo sorprendente del caso es que esta imposibilidad no se relaciona con la aptitud del hombre para realizar mediciones, sino que sería una indeterminación inherente a la propia realidad física.
En esa época (década de los 20) comienzan las discusiones entre Albert Einstein y Niels Böhr. El primero supone que, subyacente a las probabilidades que aparecen en las ecuaciones de la mecánica cuántica, existen variables subcuánticas, o variables ocultas, que permitirán, alguna vez, establecer una descripción determinista del mundo cuántico. Por el contrario, Böhr estimaba que las probabilidades eran el aspecto predominante del último peldaño de la escala atómica.
En 1932 aparece un artículo de John von Neumann en el que demuestra, a nivel teórico, la imposibilidad de que existan variables ocultas como sustento del mundo atómico.
En 1935 aparece un artículo de Einstein, Podolsky y Rosen que sería luego conocido como la paradoja EPR en el cual se pretende demostrar que el principio de indeterminación de Heisenberg presenta excepciones en su aplicación. Se supone que si tenemos dos partículas que se dispersan luego de una colisión y viajan en direcciones opuestas, podremos hacer mediciones en una de ellas y así, indirectamente, podremos tener información de la otra sin realizar sobre ella ninguna medición.
Se supone que existe la propiedad de la localidad, en el sentido de que algo que ocurre en un lugar no debería afectar a cualquier cosa que suceda en un lugar lejano, a no ser que se envíe una señal de un lugar a otro (como máximo a la velocidad de la luz) que pueda producir un cambio en este último.
La otra posibilidad, la no localidad, implica que ambas partículas siguen vinculadas (entrelazadas) con una información que se transmitiría, posiblemente, a velocidades mayores que la de luz.
El artículo EPR fue un importante incentivo para la investigación del entrelazamiento. Respecto de este fenómeno, Erwin Schrödinger escribe: “Cuando dos sistemas, de los que conocemos sus estados por su respectiva representación, entran en interacción física temporal debido a fuerzas conocidas entre ellos y tras de un tiempo de influencia mutua se separan otra vez, entonces ya no pueden describirse como antes, esto es, dotando a cada uno de ellos de una representación propia. Yo no llamaría esto «un» sino «el» rasgo característico de la mecánica cuántica”.


Las partículas entrelazadas surgirían de algunas posibles maneras, tales como:
  1. Electrón que desciende dos niveles energéticos dentro del átomo, generando dos fotones entrelazados.
  2. Colisión electrón- positrón, que genera dos fotones entrelazados.
En cuanto a las mediciones posibles en dos partículas entrelazadas:
  1. Cantidad de movimiento y posición de ambas (EPR)
  2. Spines de ambas (David Bohm)
El teorema de von Neumann no permite establecer verificación experimental alguna, mientras que John S. Bell, cuando establece las “desigualdades de Bell”, vislumbra la posibilidad de una verificación experimental. Este nuevo teorema permitiría aclarar las cosas, ya sea a favor de Einstein o a favor de Böhr y de la no localidad.
La no localidad implica la existencia del entrelazamiento de partículas y vendría a ser un vínculo que se prolonga en el tiempo aún cuando dos o tres partículas se encuentren en distintas posiciones en el espacio.
Varios físicos tratan de verificar las desigualdades de Bell, siendo Alain Aspect quien tiene mayor éxito, resultando una confirmación de la existencia del entrelazamiento y de la postura de Niels Böhr.

Extraído de 
http://es.wikipedia.org

FÍSICA CUÁNTICA Y LA CONEXIÓN CON TU SER INTERNO - FRED ALAN WOLF


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“Los antiguos sistemas de creencias ya eran cuánticos en su manera de ver el mundo”
Doctorado en Física Teórica por la Universidad de UCLA en 1963, Fred Alan Wolf se dedicó a estudiar el comportamiento de partículas después de una explosión nuclear en la atmósfera alta. Su insaciable e inconformista curiosidad le llevó de ahí a campos de investigación mucho más heterodoxos, como las relaciones entre la conciencia del hombre con la psicología, la fisiología, la mística y la espiritualidad. Todo ello con la “deformación” profesional de un físico para quien el rigor y la ciencia conforman los pilares básicos de sus formulaciones.

Usted parece ser una persona muy curiosa y activa, lo que le ha llevado a viajar mucho y a experimentar el mundo desde la perspectiva de culturas muy diferentes. ¿Podría contarnos alguna de las experiencias más asombrosas que ha tenido fuera de nuestra cultura occidental? ¿Han influido estas experiencias en su visión y en su línea de trabajo?

Muchas de mis experiencias extraordinarias se describen en mi libro The Eagle's Quest, que se publicó en español con el título La Búsqueda Del Águila por la editorial Los Libros De La Liebre De Marzo. Estas experiencias incluyen los sueños lúcidos de las personas que estuvieron a mi lado y las vivencias con los chamanes ayahuasqueros en la selva peruana, que tuvieron una gran influencia sobre mí. Ellos me dieron un modo de ver la vida que me permite comprender por qué las personas son tan diferentes entre sí y por qué nuestros patrones de conducta son así, y me proporcionaron la posibilidad de contemplar todo esto desde una perspectiva que jamás se me habría pasado por la cabeza si no hubiera hecho ambas cosas: estudiar física cuántica y vivir estas experiencias.

También conoció y pudo conversar con científicos como David Böhm, Richard Feynman y Werner Heisenberg. ¿Podría señalar los aspectos de estos encuentros con grandes pensadores que más le impresionaron?

Esperaba encontrarme con superhombres y me quedé completamente deslumbrado con lo corrientes que eran esas personas y lo deseosos que estaban de hablar sobre su trabajo y de responder a mis preguntas. Por otro lado, raras veces se interesaban por la investigación que yo estaba desarrollando. Por supuesto, yo entonces era mucho más joven y no tenía un cuerpo de trabajo a mis espaldas, como ellos.

Para el lego, la ciencia es determinista, empírica, objetiva, y sus resultados son incuestionables. Sin embargo, desde la aparición de la física cuántica y relativista los cimentos de la ciencia han sido sacudidos. La mayoría de la gente no es consciente de las implicaciones de esta nueva perspectiva y la misma comunidad científica en gran parte todavía no las acepta. ¿Cuál es la nueva frontera de la ciencia y por qué la comunidad científica se siente amenazada por ella?

La comunidad científica sí acepta estas nuevas ideas mientras se disponga de medios experimentales que puedan respaldarlas. Actualmente no existe ningún científico vivo que no acepte la Teoría de la Relatividad General, la Teoría de Relatividad Especial y la física cuántica. Las ideas más especulativas que conciernen a la relación entre la mente y la materia son efectivamente más difíciles de demostrar de una manera objetiva y están sujetas a la interpretación. En nuestros días constantemente surgen nuevas teorías en relación con estas ideas especulativas y, dado a que son difíciles de probar objetivamente, los científicos tienden a ignorarlas. Sin embargo, esto no sucede en la Teoría de Campos Cuánticos y la Teoría de Cuerdas. Muchos físicos están muy interesados en ellas a pesar de la falta de evidencia experimental. La Teoría de Campos Cuánticos ha sido demostrada con éxito en todas las áreas que tienen que ver con la materia y los campos electromagnéticos, pero no con la gravedad. La Teoría de Cuerdas no se ha demostrado experimentalmente y es muy poco probable que pueda ser probada algún día.

La nueva frontera es el espacio interior, el mundo de la mente, donde hay más que lo que la gente se imagina. Pensamos que todo está simplemente ahí fuera y que lo único que hacemos es filtrar cosas, pero no funciona así. Todas esas cosas que percibimos en realidad no están ahí fuera en forma sólida. Son de naturaleza ondular hasta que se perciben y por eso hay una diferencia ligera y sutil en ellas. Cuando empecé a estudiar este tema me di cuenta de que los antiguos sistemas de creencias ya eran fundamentalmente cuánticos en su manera de ver el mundo. No utilizaban física cuántica per se, pero su manera de ver las cosas era idéntica. Ellos realmente creían que si un doctor o chamán decidía bailar de un modo determinado, eso podría producir lluvia en un área determinada. Estas ideas forman parte de nuestros sistemas de creencias mágicas y son muy similares a la física cuántica.

¿No le parece que la comunidad científica en general rechaza el surgimiento de un nuevo paradigma en la ciencia y lo hace menospreciando su rigor y seriedad?

Los científicos no son el problema; después de todo, son seres humanos con la misma aversión hacia las afirmaciones pretenciosas, supercherías y reivindicaciones falsas que cualquier otra persona. Por tanto desconfían de cualquiera que anuncie un paradigma nuevo o una teoría nueva sobre cualquier cosa. La gente debería mostrarse escéptica con anuncios de mucho bombo. ¡Fíjense en todos esos libros sobre las dietas para adelgazar escritos por doctores en medicina! La mayoría son basura que no tiene ningún fundamento y la gente generalmente vuelve a ganar peso de nuevo, a no ser que eleven sus tasas metabólicas mediante el ejercicio e ingieran menos calorías, lo que sí está basado en principios científicos. No tengo ningún problema con los científicos que son escépticos; todos los grandes descubrimientos tuvieron que pasar por ese escepticismo antes de convertirse en rigor.

Algunos podrían pensar que, siendo físico, tratar con lo que parecen ser fenómenos psicológicos, behaviorísticos o espirituales está fuera de mi competencia, pero permítame rebatir esta suposición con un argumento muy sencillo. Para empezar, posiblemente nuestras ideas sobre la mente han sido puestas en categorías erróneas. La mente no puede ser objetivable. Las formas objetivo-psicológicas o behaviorísticas de pensar sobre ella no pueden ser adecuadas. Un nuevo modelo subjetivo de la mente podría cambiar la forma del pensamiento científico e influir en la investigación de una ciencia de la mente. Incluso es posible que nos pueda ayudar a entender de un modo nuevo la evolución o a determinar cómo y por qué un ser crece para creer que no es nada más que el cuerpo, aunque puede sospechar que está desarrollándose algo más. Por ejemplo, en física estamos trabajando en una nueva manera de pensar cómo empezó el universo y de qué está hecho. Se llama Teoría de las Cuerdas, y uno de sus rasgos más destacados y sorprendentes es que se basa en ideas que no pueden demostrarse mediante ningún test experimental.

¿Cómo define la conciencia? ¿Son conscientes otros animales?

No soy más hábil definiendo la conciencia que dando una definición del tiempo. Todos “sabemos” qué son estas cosas, pero cualquier intento de definirlas tiende a ser una mera sustitución de una metáfora por otra, como por ejemplo “el tiempo es un río por el que uno pasa sólo una vez”, o “la conciencia es la mente de Dios”. Probablemente los conceptos realmente importantes simplemente existen y no se pueden definir. Los animales tienen conciencia como todas las cosas. La idea principal es que no hay tal cosa como la conciencia y el mundo material, no hay nada parecido a la dualidad. Hay una sola cosa. ¿Qué es? Eso resulta mucho más misterioso, profundo y difícil de entender. Hablamos de un mundo material y un observador que observa el mundo material, pero no creo que nadie sepa cómo se produce esta división. La separación del sujeto y el objeto es muy enigmática y se produce de tal manera que no se puede reducir a un supuesto sujeto existente y un supuesto objeto existente ya separados. El sujeto y el objeto no están separados, ni siquiera están interconectados. Son una sola cosa que se divide de diferentes maneras. El proceso es continuo. Es como un caramelo con toffee. Se divide en un sujeto y un objeto. Éstos se vuelven a juntar y se vuelven a separar de nuevo. Cada vez que ocurre esto los vínculos entre los dos son diferentes, lo que era sujeto y lo que era objeto cambia. Es un baile incesante. El toffee es un enorme caldero hirviendo que se llama vacío. Las partículas que la componen a usted ahora mismo, en este instante, cada uno de esos electrones estaban en ese vacío y han salido de ese caldero burbujeante. La ilusión consiste en pensar que eso se queda ahí de forma consistente. Algo mucho más profundo y misterioso tiene lugar y hace que parezca muy sólido y muy real.

Esto viene de la física cuántica. Hay un campo enorme que está ahí fuera y contiene tanto al observador como lo observado. Ahora bien, desde el punto de vista del observador parece como si él hubiera creado lo observado con tan sólo mirarlo, y desde el punto de vista de lo observado parece como si algo lo haya estado empujando. Es así cómo nos parece que sucede mirándolo desde fuera, desde el punto de vista de la física cuántica. El fundamento de la física cuántica es algo que no es ni material ni inmaterial y que se llama función cuántica o campo cuántico. Es imaginario y a la vez tiene ramificaciones físicas. Pero no es ni físico ni puramente imaginario. Parece estar simultáneamente fuera, en el espacio, y en nuestros cerebros. Cuando el campo cambia, cambian los objetos materiales. ¿Cómo cambian? Los objetos cambian porque lo que representa este campo es el campo de probabilidades de que ocurran todas las cosas.

Los cambios en el campo de probabilidades se pueden comparar con una moneda trucada, uno de cuyos lados pesa más que el otro. Por ejemplo, una moneda que hemos trucado, en vez de una probabilidad del 50/50, tendrá una probabilidad del 75/25 si la lanzamos al aire. Lo que usted ve si lanza la moneda muchas veces son siete caras y media de diez posibilidades. Antes habría tenido simplemente 5/5, 5 caras y 5 cruces. La mente, el campo de probabilidades puede cambiar las probabilidades de tal forma que lo que uno observa cambie con una observación continua, modificando la manera en que uno observa algo. Ya sabemos que eso existe y obliga a desechar la noción del objeto mismo como algo inalterable, inmutable e invariable, excepto si lo mueve una fuerza física. La fuerza de la que estamos hablando no es la fuerza de un objeto físico que se ejerce sobre otro objeto físico. Se trata de un cambio de actitud. No es más enérgico o contundente que un cambio de idea o un antojo, o una fantasía en la mente de alguien, pero aún así parece surtir efecto. ¿Se puede aprovechar eso en términos de efecto transformador global? ¿Es lo que utilizan los chamanes cuando curan a la gente o lo que utilizan las naciones cuando quieren movilizar a la gente para que vayan a la guerra? ¿Puede que un tipo de efecto transformativo como el campo de probabilidades en una mente influya en otra mente de tal forma que la mente colectiva se sienta como un solo campo de probabilidades, que a su vez afecta a todo? Eso puede ser efectivamente lo que está sucediendo.

¿Cree que la humanidad progresa o evoluciona en términos de su conciencia, o al menos en términos del reflejo de esa conciencia en la mente, desde la aparición del Homo Sapiens hasta el presente y de cara al futuro?

Evolucionamos a través de nuestra mente y su capacidad de manejar un entorno que cambia continuamente. Nuestra evolución ha sido excelente en la fabricación de herramientas y el poder del pensamiento abstracto, es decir, en el campo de la llamada realidad objetiva, pero hemos fracasado en la evolución en el campo de la codicia y desconfianza, es decir, en el de la realidad subjetiva.

Lo que está ocurriendo sucede a causa de la aceleración del proceso de la individualización. A través del proceso en el que el yo se hace más consciente se ha producido una unión de la conciencia. Es como una paradoja. A través de la separación se ha producido la claridad de la unión. Sin la separación, sin la individualización, esta claridad de la unidad nunca se habría dado. Pero lo que viene ahora es experimentarla a través de la individualización. Ya no se trata sólo de creer en la unidad, sino de experimentar la unidad a través de la meditación individual, no en grupo ni mediante la mente colectiva, sino a través del proceso individual de hacerse consciente de que hay algo más que los pensamientos individuales. La conciencia del nivel psíquico está creciendo, pero no gracias a la práctica colectiva. Ahora mismo hay un deseo enorme de saber. La gente está hambrienta por introducirse en la base del nuevo conocimiento porque pueden oler, sentir o intuir que hay una nueva forma de conciencia que está emergiendo a su alrededor. Hoy en día las herramientas tecnológicas nos conducen hacia ahí. Un ejemplo casi trivial es internet, que nos proporciona una comunicación global casi a la velocidad de la luz. Con esto está surgiendo un sentido de la unidad de la conciencia. Hay una gran ilusión, una gran esperanza.

Ha escrito una serie de cuatro libros sobre la “Nueva Alquimia” titulados De la Mente a la Materia; De la Materia al Sentimiento; Del Sentimiento al Espíritu; y Del Espíritu a la Mente ¿Podría explicarnos qué implica cada salto?

Los libros 3o y el 4o todavía no están escritos y es posible que haya algunos cambios en ellos. En el 1er libro, De la Mente a la Materia, describo nueve principios de la alquimia que también se reconocen como semillas de la cábala o arquetipos de la experiencia humana o, si se quiere, las semillas que Dios debe plantar para crear el universo, incluyendo la vida. Mi objetivo en ese libro era proporcionar una idea del profundo misterio relacionado con la mente y la materia, cómo es que existimos y a la vez sabemos que existimos.

En el 2o libro, De la Materia al Sentimiento, he llevado la historia de esos arquetipos más lejos, mostrando cómo se manifiestan. Con eso me refiero a nacer, empezar a auto-reconocerse y auto-organizarse como vida. El aspecto más importante de este proceso vivo es que la vida se siente a sí misma y se conoce a sí misma. Incluso cuando la materia viva muestra un comportamiento complejo, he mostrado cómo estos mismos nueve arquetipos básicos ayudan a explicar todos los procesos de la vida, incluyendo la capacidad de autoengaño y evolución.

En el 3er libro, Del Sentimiento al Espíritu, quiero hablar de la transición más importante que se nos plantea, el difícil proceso de hacernos conscientes espiritualmente. Es una jugada nada despreciable. Incluso si no logramos tener una concienciación espiritual única en vida, nos enfrentaremos todos a ella en el momento de nuestra muerte. Nadie escapa a esta última concienciación espiritual, independientemente de lo que creamos que es real, y corresponde a cada uno ganar alguna perspicacia espiritual. Uno no puede hacerlo intelectualmente ni ciegamente. Entonces, ¿cómo se hace? La respuesta es: a través del sentimiento. El sentimiento representa el terreno más esencial del que puede brotar la conciencia.

Finalmente, en el 4o libro, Del Espíritu a la Mente, intentaré explorar cómo la vida se convierte en el ser. Para mí, primero nace la mente y de la mente surge la materia. Las respuestas a todas estas interrogantes las puede proporcionar una comprensión más profunda de la Teoría del Campo Cuántico, en que actualmente se centra mi interés primordial.

Desde su punto de vista científico, ¿cómo interpreta el misticismo, la religión y la espiritualidad?

Estas experiencias son los impulsos de vida más esenciales que tenemos. El misticismo es la experiencia del misterio, la religión es un intento de controlar ese misterio y la espiritualidad es el reconocimiento y la apreciación de este misterio. La separación es muy antigua y se remonta a los tiempos en que la magia era la práctica predominante. Si usted quisiera que algo sucediera haría un conjuro, crearía un escenario de “abajo como arriba”, posiblemente incluso crearía un modelo con sus propias manos y lo manejaría a su antojo. Si quisiera que lloviera, dejaría caer piedrecitas. Si eso no funcionara, probaría algo diferente. La magia siempre fue un intento de controlar la naturaleza. Es posible desde un punto de vista puramente materialista que una práctica como esta pueda funcionar. Por ejemplo, lanzar muchas piedras hacia arriba en un aire cargado de humedad provocaría la aparición de algunas corrientes de convección que en una situación inestable podrían generar la descarga de algún nubarrón. Pero existe otra posibilidad que es completamente diferente. No tiene absolutamente nada que ver con el control del chamán, sino con que el chamán es consciente de que él es el tiempo. El chamán se convierte en el tiempo, se convierte en la nube. Él empieza su danza cuando está a punto de llover. Para una persona corriente que lo está mirando, el chamán ha provocado la lluvia, pero el chamán no ha hecho que llueva. Él es la lluvia. ¿Cómo podría el chamán provocar algo que él ya es? El chamán es sensible a cuándo y dónde se mueve el Gran Espíritu, lo percibe. Nunca trata de controlar al Gran Espíritu, está completamente integrado en Él. Lo único que hace es entregarse al Gran Espíritu, le deja entrar y se hace consciente de Él. Su esencia no está en prometer un resultado como la lluvia. Su esencia consiste en hacerse consciente. Ninguno de los chamanes con los que he trabajado nunca ha intentado decirme que ellos pueden ejercer control, sino que esperan para ver si el Espíritu va a entrar en ellos. Se hacen conscientes del Todo, del Gestalt.

¿Existe una creciente convergencia entre la ciencia puntera y la espiritualidad o el misticismo? Suena casi contradictorio…

Ciertamente muchos científicos se interesan por el misterio del que hemos hablado. Pero yo no diría que las dos escuelas del pensamiento estén convergiendo, simplemente porque muy poca gente comprende realmente la ciencia o las matemáticas. ¿Cómo se puede hacer converger dos maneras de pensar si una de ellas permanece desconocida?

¿Será capaz la ciencia de captar en términos científicos el universo o la esencia que está más allá de la realidad? Todas las tradiciones espirituales afirman que el lenguaje nunca podrá captarlo completamente. Sólo la experiencia en primera persona puede permitirlo…

Siempre habrá un misterio alrededor de esta cuestión. La ciencia está intentando entenderlo únicamente en términos objetivos, mientras que la experiencia espiritual es puramente subjetiva y no se puede expresar. La ciencia occidental es mucho más mágica, intrusiva y más jerarquizada de lo que fue el chamanismo. La división entre místicos y científicos se produjo a raíz de la perspectiva que adoptaron los occidentales cuando por primera vez vieron unas prácticas místico-mágicas. Debido a la necesidad de controlar la naturaleza, los científicos supondrían que el chamán estaba haciendo algo para conseguir que algo sucediera. Es una suposición lógica basada en el supuesto de que el chamán es como un mago que manipula y engaña al público.

¿Cómo explica que las diferentes tradiciones espirituales coincidan en sus principios más básicos? Utilizando el método científico como referencia, ¿probaría el hecho de que diferentes personas de creencias distintas hayan llegado a las mismas conclusiones que éstas posiblemente sean verdades universales? 

Hasta donde están de acuerdo probablemente sea porque accedieron a una misma mente o a la Mente de Dios para lograr su perspicacia. En realidad, sus descripciones normalmente difieren bastante, de ahí los problemas relacionados con las religiones que luchan entre sí por la supremacía en el reino de Dios. Es solamente la retrospección lo que permite ver que todas dicen lo mismo. Cuando Cristo dijo lo que dijo, la visión de la espiritualidad de los judíos y romanos no percibió mucha similitud en todo aquello. Tampoco la ven ahora los cristianos, los musulmanes, los hindúes, los indios americanos, los seguidores del Vudú y los judíos, por citar algunas religiones.

Ha dedicado una gran parte de su energía y esfuerzo a tratar de transmitir al público la ciencia. ¿Por qué siente esa necesidad? ¿Cree que es importante para la sociedad entender los descubrimientos científicos y sus implicaciones?

En realidad lo hago porque me gusta hacerlo. Me asombra que tanta gente disfrute escuchándome y leyendo mis libros. Pienso que les gusta usar sus mentes como a mí me gusta usar la mía, para pensar sobre el misterio. Parece que he encontrado una manera de excitar las neuronas, de proporcionar una formación para que los corazones místicos de la gente latan un poco más fuerte y se oigan sin dejar fuera la física, la lógica o la razón. Además, en nuestro mundo occidental pocos científicos quieren hablar sobre Dios, la espiritualidad o la mística. De ahí que yo haya encontrado un hueco en esa necesidad.

Cambiando de tema, ¿cuáles son en su opinión los motivos que están detrás de nuestra crisis medioambiental? En términos de la conciencia ¿cómo encaja nuestro conocimiento sobre nuestro lugar en el universo en la actual situación? ¿Cree que podemos acabar destruyendo la vida sobre la Tierra o a nosotros mismos?

Básicamente creo que el mundo no funciona sin crisis. Parece que el universo necesita situaciones extremas para existir y actualmente estoy trabajando en mi próximo libro sobre esto. Siempre habrá algún tipo de crisis en la vida. Ahora lo veo como algo muy serio y, a la vez, como algo cómico y dramático. La vida es un drama, una obra de teatro en la que nosotros interpretamos papeles diferentes. No creo que vayamos a destruirla porque en ese caso el drama habría terminado y haremos cualquier cosa para que continúe. Somos adictos a la vida y continuamente surgen una gran cantidad de problemas y dramas para evitar que deseemos la muerte.

UN NUEVO PARADIGMA

El Dr. Wolf ha sido profesor en la Universidad de Londres, París, San Diego State y en el Instituto Hahn-Meitner para Física Nuclear de Berlín, entre otros. Es autor de 11 libros y ha sido galardonado con el Premio Nacional para libros científicos de Estados Unidos. Su vocación divulgativa le ha llevado a hacerse un sitio en la televisión (canal Discovery), el cine (¿Y tu que sabes?), la radio y como conferenciante por todo el mundo. Sin embargo no es su currículo lo que le ha hecho destacar sino su visión, atrevida y rompedora, de la realidad. Pertenece a un nuevo y reducido grupo de científicos que postulan un nuevo paradigma donde el determinismo que ha marcado el método científico moderno pasa a un plano secundario y en el que la física cuántica, el origen del universo y el espacio interno de la mente imposibilitan la deducción objetiva de teorías probadas por experimentos. En definitiva: la fascinante nueva frontera de la ciencia.


sábado, 25 de agosto de 2012

EL MUNDO INTERIOR - CARL GUSTAV JUNG


LA INVESTIGACIÓN DE LOS SUEÑOS

Al estudiar los sueños corremos el riesgo de creer que el inconsciente es un campo de exploración ilimitado que el individuo no podrá conocer jamás con los escasos medios de que dispone. Pero esta actitud es preferible a la complacencia. Después de todo, conocemos el consciente – nuestra consciencia del Yo bastante poco todavía. Menos mal que se ha dado un primer paso al aplicar teorías psicológicas al tratamiento de las enfermedades mentales. Las ambiciones de Jung siempre fueron modestas y él nos recuerda que la psicología es una de las ciencias más recientes. Y nosotros tenemos buenas razones para creer en su evolución posterior. Siendo que ella no era al comienzo más que una rama de la filosofía, apoyándose sobre todo en el método empírico, ha evolucionado considerablemente en el curso de los últimos cien años. Se han hecho progresos importantes gracias a las numerosas tentativas por comprender la actividad psíquica inconsciente. Debido a ellas, los psiquiatras y todos los que se consagran a la salud mental han podido trabajar mejor. Jung, desde que era un joven médico, constató que la hipnosis no bastaba para ayudarle a comprender la actividad del inconsciente. Para su sorpresa, sus investigaciones experimentales le dieron rápidamente la prueba del papel que jugaba el inconsciente en la formación de los complejos. El mérito particular de Freud – dice Jung – es de haber elaborado un método práctico de investigación de ese inconsciente; pero, además, tengo la impresión de que es mi deber rendir reconocimiento, en justicia, también a todos aquellos que establecieron las bases sin las cuales ni Freud ni yo hubiéramos podido cumplir nuestra tarea. Es así que Pierre Janet, Auguste Forel, Théodore Flournoy, Morton Prince, Eugéne Bleuler, merecen que les otorguemos un reconocimiento cada vez que hablamos de la psicología médica.
Las investigaciones que siguieron a las experiencias con las asociaciones verbales se referían, sobre todo, al inconsciente colectivo y a la manera en que esta hipótesis permitía comprender los problemas contemporáneos en los tratamientos de enfermedades mentales. En cada niño – decía Jung – preexiste una disposición psíquica funcional adecuada, anterior a la consciencia.
Partiendo de la idea de que la psiquis es un fenómeno natural y de que los sueños son manifestaciones de la actividad creativa inconsciente, Jung emprendió el estudio sistemático del contenido de los sueños y más particularmente de sus aspectos colectivos. La empresa era ardua, pues él era el explorador de un territorio desconocido. No se trataba de una búsqueda mística en un universo imaginario y abstracto, sino de una tentativa seria para penetrar el sentido de materiales extraños que le eran proporcionados no sólo por sus pacientes, sino también por gente normal. Pues todas las personas sueñan.
Para comprender mejor el pensamiento de Jung, digamos algo del hombre que era. Aquellos que alternaron con él personalmente, fuera de las salas de conferencias, le reconocían un espíritu positivo, una conversación plena de humor y el don de hacer que sus invitados se sintieran cómodos tratándolos en un plano de igualdad. Cuando era joven, amaba las excursiones a la montaña y navegar a la vela en el lago de Zürich. Ese gran lago rodeado de colinas exige mucha atención y presencia de espíritu al surcar sus aguas. Todavía un joven padre de familia, le encantaba acampar a las orillas del lago, no lejos del lugar donde se encontraría más tarde su casa de Bollingen. El llamó a esta construcción, en la que participó activamente: “la Torre”. La vida allí era muy simple porque Jung la deseaba así. Le gustaba encontrarse próximo a la tierra y dedicarse a tareas cotidianas: cortar leña, cocinar, cosechar patatas. Tenía los pies bien puestos sobre la tierra en varios aspectos.
Cuando se dedicó al inconsciente, su motivación antes que nada era las necesidades de sus pacientes. Quería comprender la razón de ser de sus síntomas, su origen, y cómo sanarlos. Desde sus comienzos, había comprendido la importancia del estudio de la actividad consciente, y fue así como elaboró su psicología. Pero esta búsqueda no tendría valor si no era asociada al inconsciente. Para él, la psiquis era un continuum sin divisiones rígidas entre consciente e inconsciente.
Las investigaciones sobre la psicología de los sueños le condujeron naturalmente al estudio más profundo de los contenidos del inconsciente . El médico que era tenía el deber de penetrar tan lejos como le fuera posible en el mundo interior del alma. Era necesario que comprendiera los síntomas de los que se quejaban sus pacientes. Escuchaba entonces con una atención extrema lo que ellos tenían que contarle . Incluso en una conversación ordinaria se cercioraba si había comprendido bien . El interlocutor podía expresarse en su lengua materna sin que eso le perturbara, pues Jung era un sabio lingüista. Cuando sus pacientes le contaban sus sueños, les sorprendía ver la seriedad con que los escuchaba, siendo que para ellos esos sueños no tenían mayor interés. Jung les solicitaba escribir sus sueños y reflexionar sobre ellos. No le gustaba que se le llevara un sueño pidiéndole que lo interpretara, sin que antes el portador no hubiera reflexionado sobre él.

LA IMAGINACIÓN ACTIVA

Una de las metas del análisis onírico era la de comprender la manera en que el yo, centro del consciente, está ligado a los contenidos del inconsciente, Jung no siempre ha explicado claramente lo que él entendía por fantasía y por imaginación. La imaginación es el proceso mental que crea una imagen sin un punto de partida sensorial. Es un fenómeno que todo el mundo conoce. Jung utiliza a veces la palabra fantasía en ese sentido. El distingue, sin embargo, con cuidado entre fantasía e imaginación activa.
Una fantasía es más o menos una creación personal; ella permanece normalmente al margen de las preocupaciones y de las expectativas conscientes. Al contrario, en la imaginación activa las imágenes tienen vida propia y los eventos simbólicos presentan un desarrollo lógico autónomo, en la medida – entendamos bien que el consciente no se mezcle en ello.
Pero el pensamiento consciente viene a menudo a entorpecer el curso de la imaginación creativa, como lo testimonia amargamente Coleridge, que fue interrumpido mientras transcribía febrilmente un sueño apasionante. No resta, por desgracia, más que un fragmento: Kubla Khan . Todos nosotros hemos estado en la luna cuando nos dejamos ir al vaivén de nuestros pensamientos, venidos no se sabe de dónde, y descartados como absurdos cuando retomamos nuestra consciencia. Algo está actuando en nosotros en esos momentos y bien puede ser el inconsciente, pues esto no se parece en nada al pensamiento consciente, como cada uno lo sabe bien. Jung pensaba que si pudiéramos entrenarnos en recrear este estado de ánimo, debería ser posible entrar en contacto con el inconsciente mientras nos mantenemos conscientes. Con entrenamiento se puede, en efecto, concentrar la atención sobre una imagen mental que bien pronto se modifica, se mueve, es sustituida, aun al flujo del consciente. Que quede claro que esas son ilusiones, invención pura, no es en verdad el inconsciente. Pero la semejanza es grande entre este fenómeno imaginario y el sueño, que no es nuestra invención. Nosotros no nos damos cuenta hasta qué punto dependemos del inconsciente en nuestra vida consciente, aunque no sea más que para hilvanar una conversación trivial. A menudo nos sorprendemos de nuestras propias palabras o de las ideas admirables (o reprochables) que nos cruzan la mente a partir de nada (es la manera que tenemos para describir el inconsciente).
Las ensoñaciones parecen un tema bastante débil para investigaciones serias. Pero no debemos olvidar que las idea que nos pasan por la cabeza nos ayudan muy a menudo a resolver problemas en nuestra vida cotidiana . No podemos contar con su aparición: ellas son imprevisibles. Pero cuando aparecen, estamos en contacto con nuestro inconsciente aunque no sea más que por un instante. Por qué – se pregunta Jung – este contacto tiene que ser tan fugitivo? Se prolongaría tal vez un tiempo más largo si fuéramos receptivos, relajados, en lugar de críticos o curiosos?. El tenía razón. Así nació la técnica de la imaginación activa. Ella no reemplaza el método de amplificación de los sueños, ella lo complementa.
He aquí lo que Jung dijo de la imaginación activa: Es verdad que hay fantasías inútiles, fútiles, mórbidas y poco satisfactorias, cuya esterilidad aparece de inmediato para cualquiera que tenga un poco de sentido común; pero una mala representación no quiere decir que no las haya buenas. Todas las obras humanas han salido de la imaginación creadora… Pero volviendo a mi técnica, me cuestiono respecto en qué medida se la debo a Freud. Es cierto que la he adquirido gracias al método de las asociaciones libres de Freud, y considero que se origina directamente de ellas.
Jung no pensaba que esta técnica pudiera ser utilizable por todos. No se servía de ella más que en un estado avanzado del análisis y únicamente con sujetos equilibrados. La técnica tenía la ventaja suplementaria de poder ser utilizada por el sujeto solo, ya sea que se dispusiera a meditar sobre un sueño o a pensar en cualquier otro tema.
Cuando tenemos éxito en fijar nuestra atención sobre el curso de nuestros pensamientos , nuestro inconsciente puede generar sorprendentes imágenes e ideas notables. A veces las imágenes que emergen durante la imaginación activa reemplazan los sueños, pero esto no es frecuente. La imaginación activa puede prestar servicios al análisis onírico, sobre todo cuando aparece un nuevo tema cuya elucidación exige un acrecentado esfuerzo. No existen reglas prescritas para la utilización de la imaginación activa en tales o cuales casos; el analista se dejará guiar por el equilibrio del paciente, la intensidad de su participación y su buen sentido. Sin embargo, las imágenes son a veces tan fugaces que puede resultar útil dar a la imaginación activa la posibilidad de expresarse por intermedio del dibujo, de la pintura espontánea o del modelaje . Estos instrumentos para captar el inconsciente no son apreciados en su justo valor. Sin un objetivo preciso, la imaginación conduce el juego y guía la mano, sin ninguna intervención de la intención consciente.
Sólo los no iniciados quieren comprender el significado de estas imágenes. Ellos parecen creerlas desprovistas de valor si el intelecto no puede comprenderlas. Por el contrario, aquel que se dispone a esta actividad de imaginación creativa artística no tiene necesidad de creer en su pintura; no se le ocurrirá pensar en los temas que ella pueda representar. El se apoya sobre el sentimiento. Para él, no tiene importancia que su pintura tenga un sentido, una finalidad precisa; él siente placer al pintarla, no por su valor artístico sino por el sentimiento de liberación y de plenitud que le procura su creación. Pintar un cuadro, modelar la arcilla, es hacer un viaje, es descubrir el universo profundo de la psiquis. Durante el trayecto, los estados de ánimo anteriormente perturbadores son captados, su significado es vivenciado, percibido en la duración de un relámpago de comprensión intuitiva. Las consecuencias de esta actividad creadora no son disminuidas por el hecho que el artista no sepa lo que su cuadro, su escultura, quieren decir en términos intelectuales; él no piensa lógicamente. El significado es del dominio de la ciencia; pero la vida no siempre está bajo la férula de la razón pura.

EL ARTE ESPONTÁNEO

La pintura y el modelado son auxiliares preciosos en psicoterapia . Pintar, viendo a una imagen tomar forma, constituye una actividad creadora que conduce al artista de descubrimiento en descubrimiento. Aquellos que jamás han hecho pintura espontánea no pueden comprenderlo. La idea no es nueva. Este método fue largamente empleado antes de Jung. Es suficiente saber cómo mezclar los colores. Las aptitudes naturales toman pronto la directiva. Ninguna regla, ningún aprendizaje es necesario. El esfuerzo de concentración que exige libera una energía que parece movida por el inconsciente. La intención consciente no juega más que un papel secundario. Jung constataba que el arte espontáneo ayudaba realmente a sus pacientes a expresar la atmósfera de un sueño o de una sesión de imaginación activa. A través de la pintura – o del modelado – la impresión que se tiene del inconsciente pasa a ser una realidad. Esta experiencia sorprendente impacta a aquellos para los cuales el inconsciente no era sino una palabra abstracta del vocabulario psicológico. Este resultado da al arte espontáneo su valor práctico. No podemos aprehender al inconsciente como si fuera un objeto. Pero podemos experimentarlo por intermedio de la imaginación activa en la pintura, el modelado, el dibujo, el tallado en madera. Todos estos medios pueden ser utilizados para este fin.
Jung mismo ha recurrido a la pintura para comprender sus sueños. Es suficiente dice – contemplar los dibujos y las pinturas de los pacientes que practican la imaginación activa en el curso de su análisis, para darse cuenta que los colores son valores afectivos. En general, para comenzar se sirven de un lápiz o de una pluma para hacer un esbozo del sueño, de la idea o de la fantasía. Pero, a partir de un cierto momento, los pacientes empiezan a utilizar el color. El interés puramente intelectual cede paso a la participación afectiva. Se observa a veces este mismo fenómeno en los sueños, que son entonces en colores, o bien en aquellos en que el acento es colocado sobre un color particularmente vivo. Basta un poco de entrenamiento para dejar que la imagen se desarrolle por sí misma. Los niños tienen éxito desde el principio en pintar en forma imaginativa sin que se les ayude; los adultos son más sofisticados y, al comienzo, les cuesta ser naturales.
Jung dice todavía: Dar una forma a lo que es informe es eficaz sobre todo cuando la actitud consciente no ofrece ningún medio de expresión a un inconsciente que se desborda.
Es en tales casos que se obtienen los resultados más sorprendentes. El cuadro iniciado sin saber bien por qué, empieza poco a poco a tomar forma, comienza a vivir y a expresar realmente algo indecible: es el lenguaje de los sentimientos y de las emociones. Establecer un contacto con la fuente de nuestras emociones tiene un valor innegable. No son acaso ellas quienes determinan el éxito o el fracaso de la mayor parte de nuestras empresas?

E. A. Bennet

Extraido de  http://alcione.cl

INCONSCIENTE COLECTIVO, ARQUETIPOS Y SINCRONICIDAD - CARL GUSTAV JUNG


EL INCONSCIENTE COLECTIVO

En la década del 30 del siglo pasado aparecen los experimentos de percepción extrasensorial (PES) de
J. B, Rhine y otros, quienes, a través de la adivinación de figuras dibujadas sobre naipes, obtuvieron resultados muy superiores a la probabilidad estadística. Los experimentos se realizaron en condiciones diversas de tiempo: adivinación simultánea, o pasada o futura, de las cartas que saldrían. El espacio entre ambos participantes variaba desde la habitación vecina a cientos de kilómetros de distancia. Los resultados evidenciaron una relatividad psíquica de ambos factores. Esto es, los sujetos obtenían un porcentaje de respuestas acertadas superior a la probabilidad matemática, no mermado por el tiempo o el espacio. Lo único que hacía disminuir el rendimiento era la falta de interés, de entusiasmo o de expectativas de los participantes por los resultados, Según Jung: Los experimentos de Rhine demuestran que, en relación con la psique, el espacio y el tiempo son, por así decirlo, elásticos, por cuanto pueden, al parecer, reducirse a voluntad aproximadamente a cero. Vale decir, parece como si dependieran de condiciones psíquicas y no existieran en ellos mismos, sino que fuesen sólo puestos por la consciencia.
Fue justamente este tipo de deducción la que hizo surgir detractores que adjudicaron los resultados a arreglos y arbitrarias interpretaciones inconscientes. Efectivamente, el substrato era el Inconsciente, pero exento de cualquier arreglo o interpretación que implicaría llevarlo a una categoría consciente y de tiempo lineal imposibles. Dice Jung: En sí mismos, espacio y tiempo consisten de nada. Son conceptos hipostasiados provenientes de la capacidad discriminatoria de la mente consciente y forman las coordenadas indispensables para la descripción de la conducta de los cuerpos en movimiento. Por lo tanto, son esencialmente de origen psíquico, y ello parece haber sido la razón que movió a Kant a concebirlos como categorías a prior… Tal posibilidad (su relativización), empero, se presenta cuando la psique observa no cuerpos externos, sino a sí misma.
Las respuestas acertadas de los experimentos provendrían de lo que el psiquiatra suizo llamó el Inconsciente Colectivo, suerte de pozo común, idéntico a sí mismo en todos los hombres, y del que no habría posibilidad de percepción directa voluntaria. Su contenido sería todo lo sentido, imaginado o temido por la especie, organizado en arquetipos. Algo así como el ADN de la humanidad, Este contenido, al ser psíquico, tendría una carga afectiva. De ahí la proporcionalidad directa entre emoción del participante y número de aciertos. Imaginando el consciente y el inconsciente como opuestos en una balanza, al bajar un extremo, el otro tiende a subir facilitando el deslizamiento de contenidos de un lado al otro. Al focalizar la atención interesada en un punto pequeño, como el dibujo del naipe, la consciencia general disminuye, posibilitando que el inconsciente invada ese espacio. Se evidencia que en este inconsciente colectivo existe un saber a priori, como lo llamó Jung o, en otras palabras, allí se han fundido el pasado, presente y futuro en un presente continuo. A mayor intensidad del estado emocional, mayor disminución de la consciencia y mayor declive para el surgimiento del inconsciente colectivo, cuyo contenido implica necesariamente su preexistencia a la consciencia individual.
En ciertas circunstancias, fragmentos del saber absoluto de este inconsciente pueden filtrarse y ser detectadas por un sujeto que percibe su paralelismo con un hecho externo. Este saber absoluto sería en alguna medida expresión de lo trascendente manifestado en todas las cosas. La Unidad es el flujo común del universo del que todos los elementos son células en recíprocas relaciones interdependientes. Debido a los contenidos extraídos de este inconsciente colectivo, a menudo con información imposible de obtener por el paciente. y a la evidencia de procesos psíquicos en personas en estado inconsciente, Jung concluyó en la imposibilidad de una ligazón de aquél con el cerebro físico. Incluso propone que este inconsciente colectivo sea el responsable de la organización de la materia en las formas conocidas.
A partir de las primeras décadas del pasado siglo, la física produjo el más espectacular de los vuelcos en toda la concepción de la materia y, por lo tanto, del universo. Cuando los científicos intentaron disecar el archiconocido modelo del átomo semejante a un mini-sistema solar, se sorprendieron con el hallazgo de que las partículas atómicas y subatómicas no se comportaban en absoluto de acuerdo a las teorías formuladas. Más aún, las tales partículas fundamentales ni siquiera podían ser localizadas en un lugar preciso, ni menos con un comportamiento regular o predecible.
Hasta entonces, la ciencia había representado un papel de cierta omnipotencia, provocando la confianza generalizada de que, lo que aún no podía cuantificarse, no se tardaría en hacerlo: sólo era cuestión de tiempo. Como Dios, o la causa primera, no sería posible demostrarla, la ciencia se alejaba de ella, ignorándola; pero la materia, su consecuencia última, podría desmenuzarse hasta la última partícula. Y he aquí que de pronto se encuentra con que estas partículas no terminaban en los electrones o neutrones, y que había un sinfín de otras subpartículas, de comportamiento aparentemente errático, imposibles de aislar en el espacio o el tiempo. No se podían medir, ni contar, ni establecerse leyes de su accionar, De ahí que fueran calificadas de quanto de energía en vez de partículas, ya que no tenían existencia independiente, sino más bien eran relaciones energéticas en una trama limitada cuyo comportamiento era sólo una probabilidad estadística.
La ciencia se había pasado siglos diferenciando el mundo vegetal del animal y del mineral, lo sólido de lo líquido y lo gaseoso, la onda de la partícula, la masa de la velocidad, la materia de la energía, etc., y de pronto sucede que a nivel fundamental no existe diferenciación alguna. Se comenzó a hablar del mundo real como un territorio sin límites, del que los objetos y fenómenos como entidades separadas serían una idealización, siendo sus cimientos un indeterminismo fundamental y absoluto: el entretejido sin costuras del universo.
Con esta falta de distinción fundamental entre energía y materia, el universo retorna de su concepción de gran maquinaria a la de gran organismo, semejante a la de los antiguos sabios, pero esta vez a través del intelecto y el razonamiento experimental. Se religa lo que se había separado; se descubre nuevamente que todo causa a todo lo demás, que las cosas fluyen las unas en las otras formando patrones globales e inseparables, La supuesta objetividad científica se vuelve asimismo inexistente al desaparecer la distinción entre el científico, su experimento y sus conclusiones. El experimentador es su experimento y lo experimentado. 0 como dice Jung: nada hay fuera de la mente.
Los nuevos descubrimientos llevan a una concepción no rígida del universo en todos los planos. Los modelos fijos que otrora explicaran un segmento de la realidad habían funcionado bien, pero sus características estáticas los hacían perdurar incluso más allá de que hubieran sido invalidados por nuevos conceptos. Cada avance tenía que luchar contra el antiguo modelo para imponerse, rompiendo una barrera establecida. La relativización de la relación entre la materia allá afuera y el analizador interno obligan ahora a formas de pensamiento mucho más dinámicas, flexibles y abstractas. Se abre una posibilidad infinita de descubrir estratos subatómicos que pudieran explicar científicamente fenómenos tan inasibles como por ejemplo la vitalidad, la psique, el intelecto, y quién sabe cuánto más. Lo importante es que esta vez no se ha corrido el límite del conocimiento humano un poco más lejos, sino que éste se ha derrumbado y se sabe ya que será muy difícil volver a instalarlo. No por azar se reúnen en este siglo este tipo de descubrimiento con el derrumbe de otras fronteras, con el desarrollo exponencial de redes transnacionales de comercio, cultura, información y comunicaciones; con los signos de creciente tolerancia política y religiosa, etc. En suma, con la disminución del perfil de las polaridades, de los extremos, en pro de posiciones en la zona más central del espectro, que las trascienden. No hay duda de que estos efectos no hacen sino confirmar la aseveración junguiana de la preexistencia de la mente, de la que posteriormente podemos percibir sus manifestaciones en su otro polo, la materia.
La nueva física ha borrado el límite entre la Mente y la Materia. En la materia se descubre un substrato semiincognoscible cuya existencia sólo se detecta por el impacto producido en el nivel inmediatamente más tosco. De igual modo, la mente colectiva inconsciente es inaccesible en condiciones normales, infiriéndose su existencia de sus rastros intangibles surgidos en sueños, en el arte, en los grandes mitos, en la sincronicidad.
Para la física actual, la existencia de un objeto o partícula individualizable es producto de un fenómeno local dentro de un campo cuántico fundamental que la sostiene. La partícula explícita, o desplegada del campo global, contiene la información de todo el campo, como éste de ella, pudiendo plegarse nuevamente y dejar de existir como partícula. Asimismo, esta partícula transmite y recibe información hacia y desde el campo fundamental, en una acción cooperativa de conjunto capaz de hacer surgir formas radicalmente nuevas en determinados puntos críticos. Esto explicaría, por ejemplo, la complejísima transformación de ciertos vegetales y animales cuyo ambiente se alteró drásticamente en un momento dado, y que en la práctica se convirtieron en otra especie. La teoría de sobrevivencia de mutaciones al azar, más adaptadas a las nuevas condiciones, no alcanzaba a explicar los cambios producidos simultáneamente sobre muchas estructuras y/o funciones de un organismo. El dicho popular que hacía reír a los científicos de hace unas décadas, la necesidad crea el órgano, estaría mucho más cerca de la realidad desde esta perspectiva.
La naturaleza se concibe ahora como un orden colectivo en el que cada elemento es a la vez interior y exterior a los demás, esto es, constituye parte del patrón global siendo al mismo tiempo un fenómeno local, Cada uno contiene, plegado en su interior, al universo entero, Se estima además que este campo cuántico fundamental tendría varios niveles, habiéndose detectado manifestaciones de al menos un segundo nivel, a través del cual se transferiría información a través de la partícula explicitada hacia el primer nivel. Lo interesante es el efecto generador de nuevas formas y relaciones del sistema, en una constante actividad creadora. Cada nueva forma creada genera un campo de memoria simultáneo que guía activamente el proceso y que facilita su reproducción, siguiendo la ruta de mayor economía y fluidez propia de la naturaleza. Podemos imaginar aproximadamente con este pequeño bosquejo, la complejidad de relaciones e intercambio de información que puede ocurrir instantáneamente en el estrato fundamental, haciendo imposible su análisis en forma compartimentalizada.
Volviendo á la psique, podemos reconocer cómo Jung describió estos mismos procesos con un paralelismo asombroso, pero a través de la intuición reflexiva y la observación práctica. El mundo de los objetos encuentra su correspondencia en la partícula desplegada, la mente individual en el primer orden fundamental, el inconsciente colectivo en el segundo orden. La comunicación entre el mundo objetivo y el segundo orden parece funcionar fluída y permanentemente a través del intercambio continuo de información que ejerce transformaciones en ambos estamentos. Lo que sucede sólo en forma eventual es la comunicación entre el segundo orden y el primero, entre el inconsciente colectivo y la mente individual, donde el flujo encuentra una frontera. Cuando este bloqueo disminuye o desaparece por un instante, es posible recibir contenidos del plano objetivo de la mente, que en su carácter colectivo está impregnando todo el momentum. Al darnos cuenta, y con ello percibir el significado, el efecto será una comprensión nueva y ampliada, además del cese, aunque sólo sea por un instante, del sentimiento de separación que nos limita con el entorno.
El inconsciente colectivo, como campo formativo cuyas partículas explicitadas serían los arquetipos, siempre está ahí, siempre es posible extraer contenidos de efecto generativo que amplíen nuestra consciencia y disminuyan nuestra fragmentación. Y hablamos del inconsciente como el segundo orden fundamental, pero está abierta la posibilidad de pesquisar otros niveles acaso mucho más sutiles y profundos a los cuales pudiéramos acceder, como, por ejemplo, aquél denominado por Jung como Supraconsciente.
Paralelamente, esta realidad indivisible que despliega tanto a la mente como a la materia y que conlleva una nueva comprensión, un saber indemostrable pero irrefutable, es la que han tratado de hacernos comprender los sabios místicos desde los más remotos tiempos. Pocos los han escuchado hasta que lo dijeron los científicos. Expresiones como en tí está tu propio cielo, conócete a tí mismo y conocerás a Dios; el concepto de unidad del Conocimiento, el Conocedor y lo Conocido expresado en el antiguo Bhagavad Guita; imágenes como la red de Indra budista, plagada de joyas, en cada una de las cuales está el reflejo de todas las demás; las sentencias del Tao Te King, las parábolas de Jesucristo… Miles podrían ser los ejemplos de esta sabiduría sintética, incluyente, de genuina intuición, a la que los científicos y terapeutas comienzan a acceder en occidente. Qué serían las llamadas experiencias-cumbre de los místicos sino el acceso a un orden exquisitamente sutil, profundo y penetrante? No es de extrañar, por lo tanto, el giro que ha tenido la relación del hombre con lo trascendente, en la que asume una posición mucho más activa y cocreadora de sí mismo y su entorno. Ni tampoco la gran cantidad de nuevos místicos entre los científicos modernos. Y es que no es posible establecer aquí con claridad las diferencias cuando las causas primeras y últimas se entrelazan.
La percepción de la unidad esencial que subyace a la aparente dualidad mente-materia, en la que todos parecen estar ahora de acuerdo, aparece como una de las perspectivas más enriquecedoras y transformadoras que jamás haya conocido el hombre occidental. La captación objetiva y subjetiva consciente de un momento dado permite asir el reflejo del macrocosmos en una generación de energía creativa capaz de ampliar todas las posibilidades futuras. Por el contrario, si la mente individual pone atención sólo en las formas desplegadas de la realidad, tanto esa mente como su realidad circundante se volverán estáticas, estrechándose cada vez más en meros recuerdos y hábitos. La energía renovadora y creativa de los estratos fundamentales es limitada, pues, como vimos, se enriquece permanentemente, además de trascender a toda polaridad, que sólo existe -como el tiempo- en la mente individual.
Y es allí donde los antiguos sabios, al señalar la interdependencia fundamental del universo, también señalaron el modo de acceder a esta mente universal. Una de las etapas fundamentales es la del dominio de la mente, de esta pequeña mente individual nuestra. Sólo minimizando el ego, disminuyendo el yo personal que creemos tan importante, creamos el vacío, o el declive, en palabras de Jung, suficiente como para que algo trascendente pueda deslizarse hasta nuestra consciencia y darnos ese sentido profundo de identidad del que estamos tan carentes, disolviendo el tiempo, la división mente-cuerpo, sujeto-objeto. Acaso cabría especular si la sentencia “Y seréis como dioses”, se refiera al logro de una unicidad permanente.

Pablo Cáceres

LOS ARQUETIPOS

El gran terapeuta que fue Carl Gustav Jung recién empieza a ver reconocida la enorme importancia de su extensa obra, después de varias décadas de menosprecio académico. Su exploración en las profundidades de la psiquis lo llevó a estudiar exhaustivamente la filosofía, la mitología, la alquimia, las religiones orientales y el misticismo occidental. Se interesó también con igual dedicación en el tarot, el I Ching, la astrología, los Onvis, los mandalas, las culturas de los pueblos primitivos en Africa y América del Norte, las civilizaciones india, china y japonesa… De él pudo haberse dicho Nada humano me es ajeno.
Revolucionó el paradigma mecanicista de la psicología, recalcando la importancia del inconsciente por sobre la del consciente, lo misterioso en lugar de lo conocido, lo místico en lugar de lo científico, lo creativo en lugar de lo productivo y lo religioso en lugar de lo profano.
Uno de sus conceptos claves es el inconsciente colectivo, fundamento del inconsciente personal, y que vincula al individuo con el conjunto de la humanidad. Descubrió que en los sueños y los mitos subyacen elementos de este inconsciente colectivo que él denominó arquetipos. Estos no pueden comprenderse directamente por análisis intelectual, sino sólo mediante los símbolos y el lenguaje de la mitología. El arquetipo es el modelo a partir del cual se configuran las copias: es el patrón subyacente, el punto inicial a partir del cual algo se despliega.
Jung distinguía entre arquetipos e imágenes arquetípicas. Reconoció que lo que llega a nuestra consciencia son siempre las imágenes, o sea las manifestaciones concretas y particulares de los arquetipos las que – según él – nos impresionan, influyen y fascinan. Sin embargo, los arquetipos mismos carecen de forma y no son visualizables. El arquetipo, como tal es un factor psicoide que pertenece, por así decir, al extremo invisible y ultravioleta del espectro psíquico. Agregaba que son vacíos y carentes de forma, sólo podemos sentirlos cuando se llenan de contenido individual.
El interés de Jung por las imágenes arquetípicas refleja más énfasis en la forma del pensamiento inconsciente que en su contenido. Nuestra capacidad para responder a experiencias como criaturas creadoras de imágenes es heredada. Las imágenes arquetípicas no son restos de un pensamiento arcáico sino parte de un sistema viviente de interacciones entre la mente humana y el mundo exterior. Las mismas imágenes arquetípicas que aparecen en los sueños dieron origen a las remotas mitologías y religiones que han habido en la historia de la humanidad. Para Jung, esta capacidad de crear imágenes, y no la razón, es la verdadera función que nos hace humanos. Atender a estas imágenes – que no son ideas traducidas, sino el lenguaje natural del alma – nos ayuda a liberarnos de la opresión de las maneras de pensar verbal y racional que han limitado nuestra creatividad.
El pensamiento simbólico es asociativo, analógico, cargado de afecto, animista, antropomórfico. Puede parecer más pasivo que el pensamiento organizativo y conceptual pues, a diferencia de los pensamientos, sentimos las imágenes como algo que recibimos más que algo fabricado por nosotros (la inspiración del artista). Nuestra vinculación con las imágenes arquetípicas puede comprometernos con la visión de un mundo interior, que puede salvarnos de la trampa de la separatividad entre sujeto y objeto.
Las imágenes arquetípicas son percibidas como independientes de nuestra experiencia personal, nos resultan inexplicables a partir de nuestro conocimiento consciente. Nos sentimos en contacto con algo desconocido hasta ese momento, y generalmente nos asombra descubrir similitudes entre las imágenes y temas de nuestros sueños con los que aparecen en mitos y leyendas de los que no teníamos un conocimiento previo. El impacto que nos produce constatar estas semejanzas es muy poderoso.
Jung siempre hizo notar que las imágenes arquetípicas están tan conectadas con el pasado como con el futuro. Por eso son transformadoras. Decía: El Yo no sólo contiene el depósito y la totalidad de toda la vida pasada, sino que también es un punto de arranque, el suelo fértil a partir del cual brotará toda vida futura.
La premonición del futuro está tan claramente impresa en nuestros pensamientos más íntimos como lo está el aspecto histórico. Estas imágenes se nos presentan como líneas indicadoras que nos muestran el camino, sin obligarnos a seguirlo. La vida no sigue líneas rectas, ni líneas cuyo curso pueda verse con gran antelación.
El modo que tenía Jung de trabajar con imágenes arquetípicas no era la interpretación o traducción al lenguaje conceptual, o la reducción a una imagen más general o abstracta, sino lo que él llamaba amplificación: conectar la imagen al mayor número posible de imágenes asociadas, manteniendo así fluyente el proceso imaginativo. Se trataba de comunicarse con la multiplicidad, la fecundidad, la interconexión vital entre ellas, no analizar la dependencia que pudieran tener con un origen común. Amplificar significa ir mucho más lejos de la estrecha identidad personal y recordarnos con una imaginación más amplia que nos llevaría al ámbito transpersonal.
Jung también trascendió las limitaciones de la ciencia mecanicista describiendo una forma de conexión no causal de acontecimientos a la que llamó sincronicidad y que está en relación con ciertos descubrimientos de la física moderna. Se dice que el propio Einstein le alentó a desarrollar este concepto y el físico Pauli colaboró con Jung en escribir un libro sobre ese tema.
Para Jung, la mente es como un sistema autoorganizado, regido por una fuerza creativa y cósmica y que tiende a desarrollarse hacia una integración cada vez mayor. El papel del terapeuta es apoyar este proceso de integración que une nuestros aspectos tanto conscientes como inconscientes. El decía: El terapeuta debe ser como un médico partero, que ayuda a dar a luz lo que el paciente tiene en su interior.
Le interesaba sobremanera la colaboración entre el Oriente y el Occidente en relación a los caminos de crecimiento personal ofrecido por ambos. Es sorprendente la capacidad perceptiva demostrada por Jung en sus comentarios sobre el budismo tibetano, la India y el yoga, el taoísmo y la meditación zen. No sólo era capaz de comprender lo que para la mayoría de la gente occidental de su época eran sólo experiencias extrañas, sino que consigue relacionarlas con perspectivas occidentales de naturaleza semejante. Resulta difícil valorar en su totalidad estos comentarios que aparecen generalmente en prefacios a libros de alumnos y amigos suyos. Realmente, desempeñó un papel significativo en la introducción de las religiones orientales en el público occidental. Su influencia, ciertamente, ha ayudado a que en Occidente se aprecien la religión y el pensamiento oriental. Eso no impidió que él – con extraordinario buen juicio – nos previniera contra la adopción indiscriminada de religiones extranjeras acompañada del abandono de los fundamentos occidentales.
Quiero hacer una advertencia muy especial contra el intento de imitar las prácticas y sentimientos orientales. Nada bueno surgirá de ello, a no ser una anulación artificial de nuestra inteligencia occidental. No pueden ni deben abandonar su comprensión occidental: más bien deberían acudir a ellas (estas prácticas) sin imitaciones ni sentimentalismos, para comprender en la medida que es posible a la mente occidental.
Una gran mayoría de los jóvenes occidentales que se fascinaron con las disciplinas orientales, al empezar a someterse a ellas, se desalentaron al darse cuenta de todo el esfuerzo y la devoción que se necesitaba durante un largo período de tiempo en el que no se producían los resultados que ellos esperaban. Otros se rapaban la cabeza o usaban extrañas coletas, además de estrafalarias vestiduras, sin que dieran muestras de algún apreciable progreso en su crecimiento personal. Por otra parte, ha habido cierto número de gente que sí ha sido capaz de sumergirse en técnicas y puntos de vista orientales, no sólo sin ningún riesgo para su salud psíquica, sino con una expansión del conocimiento de sí que no habría sido posible adquirir de otra manera.
Estas excepciones positivas no contradicen las advertencias de Jung. El no se equivocaba al señalar que la asimilación de un punto de vista extranjero, con la consiguiente pérdida de las raíces propias, no es una propuesta demasiado atractiva. Lo ideal es – además de mantenerse en lo propio y aplicar la crítica y actitudes peculiares del occidental a nuestra interioridad – tener en consideración, y procurar comprender, filosofías basadas en concepciones opuestas a las habituales como una manera de alcanzar así una totalidad más integrante. Quienes han leído la autobiografía de Jung recordarán cómo en un sueño descubrió que él era un yogui en profunda meditación, meditando la vida que el soñante vivía.
Este equilibrio entre Oriente y Occidente fue exactamente lo que Jung mantuvo durante su larga vida. En sus escritos mantuvo una actitud científica estricta, pero apreciando y honrando siempre el material psicológico que tenía entre manos. Nunca abandonó la religión de su nacimiento y sus ancestros, por muy amplias que fueran sus apreciaciones sobre las religiones orientales, las que se contraponían con la fe aceptada por la sociedad de su época. Era un ser ecuménico en el sentido más profundo de la palabra. Sus conexiones psicológicas eran múltiples. En algunos de sus sueños aparecían experiencias del politeísmo griego, del judaísmo y del cristianismo. En otros, había temas hindúes, budistas, alquímicos o gnósticos. Jung fue quizás el primer hombre moderno que habiendo perdido su alma, la encontró en su experiencia individual, pero conservando sus lazos con las religiones del pasado. El explicaba la etimología de religio como observación cuidadosa de lo numinoso, pero su actitud vital se conectaba más con el otro posible origen de la palabra, que significa enlazando hacia atrás. Jung se comunicaba plenamente con el pasado, en forma histórica y psicológica, con gran respeto.
Todas las religiones del mundo, incluído el budismo, parecen desarrollar sus ramas de fundamentalismo, tradicionalismo, misticismo, libertad del individuo y conversión. Esta variedad refleja los distintos aspectos del alma. La psicología junguiana se ha mostrado receptiva a esta variedad, ocurra ella de manera individual o colectiva. Dejemos que el alma hable por sí misma, decía Tertuliano. Esta actitud nos permite comprender la voz del alma en el pasado. Desde ese pasado hay algo nuevo surgiendo de la psiquis, otra manera de aproximarse a lo numinoso. Esta nueva experiencia de lo divino se encontraría en la reconciliación entre las religiones del mundo y en su capacidad de comunicarse con un nuevo contenido. Esto, que ha surgido independientemente en Jung, y otros, es una especie de actitud psico-religiosa, cuyas características son: lo divino nos trasciende a todos, diversos caminos llevan a él, todos son valiosos, ninguno es mejor que otro, ninguno necesita trascenderse, todas las religiones tienen su origen en la naturaleza del alma y en cómo se manifiesta en ella lo divino. Hay seguramente una visión hindú, una visión budista, judía o cristiana, pero, por sobre todas las cosas, es una visión unificadora.
La naciente ecumenización de la humanidad parece traer consigo regalos valiosos. Uno de ellos es un punto de vista psicológico que nos permite experimentar lo divino desde múltiples ángulos y permite también la reflexión y las preguntas. Parte de este regalo ya nos ha sido concedido, gracias al trabajo de Jung; pero también está surgiendo del inconsciente de mucha gente algo parecido a lo que todas las grandes religiones esperan: que cuando todos nos hallemos en armonía con la Presencia Divina, Ella se manifestará entre nosotros.

Saelas Jarrel

SINCRONICIDAD

Sin salir por la puerta
se puede conocer el mundo.
Sin mirar por la ventana
se puede conocer el camino del cielo.
Cuanto más lejos se va,
tanto menos se aprende.
Por eso el sabio
sabe sin desplazarse.
Entiende sin ver.
Realiza sin hacer.
(Lao Tsé)

Sincronicidad es un término acuñado por el psiquiatra suizo C. G. Jung, quien lo concibió para describir la singular ocurrencia de dos o más acontecimientos de igual o similar significación, sin conexión causal posible. Este principio incluye necesariamente a un sujeto que perciba y experimente en forma consciente el significado común entre un hecho del mundo interno y uno o más del mundo subjetivo. La sincronicidad se distingue así del mero sincronismo ocurrencia simultánea de dos sucesos cualesquiera – y se opone abiertamente al principio causal predominante en la cultura occidental, dominada por el cientificismo: la ley de causa y efecto, o de acción y reacción.
Un ejemplo simple de sincronicidad sería el recordar repentinamente a un compañero de colegio del que no se ha sabido nada desde entonces; encontrarlo casualmente en la calle a las pocas horas o días, y simultáneamente leer en el diario una información referida a la profesora que enseñaba en ese curso. Si la persona vive esos tres eventos en compañía de un amigo, para éste la secuencia no significará más que hechos aislados; pero para el protagonista, todos ellos están eslabonados en relación a un tiempo específico de su pasado. El puede ver la conexión existente y otorgarle un significado. Los componentes objetivos y el subjetivo no poseen una causa común, no es posible deducir o demostrar científicamente qué genera el fenómeno. Y es que la ciencia ha avanzado en mediciones cada vez más minuciosas y microscópicas de la realidad, pero al llegar al terreno de lo subjetivo se ha encontrado en la imposibilidad de medir, reproducir, predecir o manipular las variables.
En la época en que Jung describió la sincronicidad, ésta aparecía como antónimo de la causalidad imperante, lo que no significa que esto haya sido siempre así. De hecho, en la antigüedad este término no habría sido necesario, como no lo sería el de ecología en el lenguaje de una tribu indígena del Mato Grosso. Cuando el conocimiento no estaba dividido en ciencia y humanismo, cuando el sabio se ocupaba tanto de lo terreno como de lo divino – lo primero como expresión de lo segundo – nada podía ser considerado como acausal. El estudio de la causa primera tenía el mismo sentido que el de sus consecuencias en la materia y los seres vivos, ya fuera que a aquella causa se la llamara Dios, Naturaleza o Sol. Y no nos referimos aquí a la actitud de ignorancia o inercia mental que adjudica a un ser omnipotente todo aquello que no entiende, sino a la comprensión del universo como un todo inseparable, como una gran armonía interdependiente.
Así, la sabiduría antigua, especialmente oriental, se empeñaba en comprender como afectaba el quiebre de una armonía particular a otro sistema o al conjunto, por sobre la disección de problemas aislados y su intento de resolución – in vitro desconectados de sus relaciones naturales.
Si el mundo surgía y era sostenido a partir de un Gran Aliento fundamental, éste podría ser conocido y comprendido a través del estudio del mundo, porque estaría tan presente en lo grande como en lo pequeño, tan reflejado en los astros como en las hormigas. Nada quedaría fuera de lo que es, como nada podría estar fuera de la eternidad. Esta cosmovisión estaba naturalmente impregnada de la búsqueda trascendente de las grandes interrogantes inherentes al ser humano. Estando en el mundo, parece razonable buscar la trascendencia a través de él en un ascenso progresivamente integrador que minimice los riesgos de producir místicos desarraigados o científicos desalmados. En la antigüedad sólo merecía ser llamado sabio aquel que había sabido recorrer ambos caminos y al que, luego de una larga trayectoria en la que había comprendido suficientemente al mundo, le era posible comenzar a recibir algún conocimiento de Dios.
Aun en pueblos primitivos, en el sentido de escaso o nulo conocimiento teórico o abstracto, las personas más respetadas o veneradas de la comunidad las constituían, y constituyen, aquéllas capaces de interpretar el todo por sobre los hechos particulares, y con ello indicar las acciones necesarias para restituir la armonía perdida en cada caso. El examen de la mayoría de los métodos adivinatorios, o premonitorios, ya sea lectura de huesos calcinados o conchas de tortuga, I Ching, Tarot, etc., revela un factor común: todos ellos expresan un “momentum” global, por ello es factible de ser leído o interpretado por alguien que percibe su significado. Queremos decir: por alguien capaz de aprehender el Gran Aliento que en ese instante impregna todas las cosas, incluidos los objetos adivinatorios, condición “sine qua non” para que en éstos se manifieste una realidad que los trasciende.
Todo acto adivinatorio es sincronístico, ya que no puede ser demostrada una causa que condicione el acierto de la premonición. La función primordial del oráculo es revelar la correspondencia entre lo interno y lo externo de un momento dado, en un paralelismo acausal. Refiriéndose al I Ching, dice Jung: … quienquiera que lo haya inventado, estaba convencido de que el hexagrama obtenido en un momento determinado coincidía con éste en su índole cualitativa, no menos que en la temporal. Para él, el hexagrama era el exponente del momento en el que se lo extraía, por cuanto se entendía que el hexagrama era un indicador de la situación esencial que prevalecía en el momento en el que se originaba.
Desgraciadamente, esta arcana concepción unificadora, sintético-intuitiva, predominante en el Este, comenzó a escindirse, en forma casi paralela al incremento de la civilización occidental. Recordemos que China tenía ya milenios de cultura cuando Europa recién estaba dejando la vida nómada. La principal causa de este cisma fueron las características inherentes al hombre occidental: razonador, inquisitivo, analítico, en suma, fragmentador del mundo. Para conocer, él separa, divide, clasifica, versus el oriental, que integra, sintetiza, recibe al mundo.
Estas peculiaridades fueron relegando cada área de conocimiento a un compartimiento separado y cada vez más infranqueable: ciencias naturales, teología, música, etc.. La fisura inicial se convirtió en grieta, y ésta en caminos francamente irreconciliables, hasta casi nuestros días: ciencia y religión; verdades que exigían ser demostrables para existir “versus” verdades de las que sería blasfemia pedir demostración, y que debían ser aceptadas mediante un acto de fe. Si para los científicos todo tenía que tener una causa conocida que produjera el efecto en estudio, Dios – o la causa primera incognoscible – quedaba instantáneamente excluido. Para los religiosos, en cambio, el testeo o manipulación de la obra de Dios era aberrante, y sólo cabía admirarla.
En una época de apogeo científico y tecnológico, sin embargo, el Dr. Jung describió un orden acausal de acontecimientos, una categoría de eventos sin conexión posible y sin predictibilidad alguna, debido a que uno de sus componentes era subjetivo y la subjetividad no se podía manipular certeramente. De la causalidad lineal, producida necesariamente en una sucesión temporal, dio un salto conceptual a la sincronicidad atemporal, en la que la conexión factual se produce sólo en la consciencia del que lo vivencia, y no en el tiempo entre A y B. La mirada causal es retro o prospectiva, tendiendo a fijar sus elementos en el tiempo, mientras la sincronicidad sólo puede suceder en el ahora transformándolo creativamente en una nueva comprensión.
Para Jung, la conexión causa-efecto es sólo estadística y como tal, relativa, y, sin embargo, ha sido el método empleado para comprender y establecer sobre la base de leyes todo el comportamiento físico, químico y biológico en la naturaleza. Este sistema deja fuera de la norma a todo lo individual, lo excepcional, lo único. Más aún – precisa Jung – el científico preformula preguntas a la naturaleza a través de experimentos prejuiciados, con lo que obtiene respuestas parciales que luego son presentadas como generalizaciones. Reflexión compartida por el científico contemporáneo , Dr. Humberto Maturana: … las explicaciones científicas no contienen los rasgos del fenómeno por explicar, sino que éstos resultan de los procesos que ellos implican. Por esta razón, las explicaciones científicas son proposiciones mecanicistas, y como tales, consisten en proposiciones de sistemas determinados por su estructura.
En esto radica la distorsión. La ciencia – como otras áreas del conocimiento – en su empeño por conocer el mundo, ha elaborado leyes, ha construido abstracciones cada vez más complejas sobre la base de hipótesis, modelos y experimentaciones estadísticamente satisfactorias. 0, según Ken Wilber, ha realizado distinciones de distinciones de distinciones. El problema surge cuando se da por supuesto que esas meta- meta-demarcaciones son la realidad.
Por una parte, es falso el no considerar todos los casos individualmente, y por otra parte produce un distanciamiento enorme, con su consiguiente deformación, de la naturaleza misma de las cosas, la que es no fragmentaria. Al decir de los neurolingüistas, el mapa no es el territorio.
La sincronicidad es por esencia incluyente, al no establecer distinciones de tiempo, espacio, ni categorías, y no imponer condiciones a su ocurrencia. Hipótesis nada descabellada si consideramos a la sincronicidad como un puente tendido entre el saber absoluto y la realidad externa, constituyendo un acontecimiento esencialmente creativo.
Acumulados estadísticamente, la distribución de sucesos sincronísticos se verifica en grupos aperiódicos, o de otro modo no serían aleatorios. En todos los casos la causalidad no ha podido ser encontrada o demostrada. Si pudiéramos conocer y establecer la existencia de la causa primera, del Gran Aliento al que hacíamos mención, desaparecería naturalmente la oposición entre causalidad y acausalidad al comprobarse el orden superior al que todos los fenómenos estarían subordinados. Así, el aparente antagonismo entre la distribución seriada, lineal, de los acontecimientos causales, y la distribución aperiódica y atemporal de las conexiones transversales significativas – como llamaba también Jung a la sincronicidad – quedaría abolida, siendo ambas expresiones diversas, parciales, y, por lo tanto, complementarias del Todo.
Pablo Cáceres


Extraído de http://alcione.cl
Yin Yang